viernes, 17 de abril de 2015

Dedicado a todos los sordos


A los siete años de edad:
Niño: Papá, yo quiero ser pintor.
Padre: ¿Pintor?... ¡¡A estudiar he dicho!!
A los veinte:
Niño: Finalmente, me matriculo en Bellas Artes. He decidido que quiero ser pintor.
Amigos: ¿De brocha gorda? ja,ja,ja. Pintor dice, ja,ja,ja.
A los treinta:
Niño: ¡Nadie se interesa por mi trabajo! ¿Crees que soy buen pintor?
Novia (ex novia tiempo después): Hum… bueno… yo... ¡¿Comemos algo?!
A los cuarenta:
Niño: Mañana es la exposición. ¿Y si no gusta?
Conocidos: kakakifghtb... (A estas alturas, el niño ha aprendido a oír sin escuchar).
A los setenta:
Niño: Quiero dedicar este premio a la persona más importante de mi vida, alguien que siempre creyó en mí, a quien amo de un modo infinito. 

«Siempre has sido tan sordo como yo, esposo mío», piensa ella, visiblemente emocionada.

Cuento infantil: El caballero y la princesa (porque el amor obra milagros)


Cuenta la leyenda que un joven caballero tuvo que partir con el fin de servir al rey del condado. Eran tiempos de guerra, motivo por el cual se conocía la fecha de partida mas no de regreso. La princesa del reino, única hija del monarca, se hallaba secretamente enamorada del joven caballero, pues su padre atesoraba el firme propósito de desposarla con un apuesto príncipe de un condado cercano.
   La noche antes de la partida, caballero y princesa viéronse a escondidas para despedirse.
   -Si no regreso, amada mía, si esas inhóspitas tierras a las que me dirijo me separan de vos para siempre, júreme que será usted dueña y señora del condado, felizmente desposada con un hombre de  bien que se preocupe en hacerla dichosa.