domingo, 23 de febrero de 2014

XXXI: La foto es de esta mañana


Entre mis impertinencias 

cantar a las cuatro de la madrugada 
aquella canción que me dedicabas. 
Sacar la basura en bragas, 
y caminar descalza y desnuda 
hasta llegar al arrecife de algas 
-donde me besabas, enfrente de casa-.
Sé que estas curiosas costumbres
molestan a los vecinos,
pero sabes qué pienso: que les jodan,
más molesta tu ausencia 
y ninguno ha picado a la puerta para saber cómo estoy.
Tanto cariño que decían tenernos...
¡Y un cuerno! qué les den uno a uno
-y si es por turnos, mejor-.
Por lo mismo, 
pienso seguir con mis santas manías.
De hecho, 
estoy a un paso de ritualizarlas, 
sólo falta ultimar fecha para el bautizo 
y buscarles nombre y apellidos
-me recuerdan que sigo viva, ¿sabes?-.
Será una ceremonia simbólica pues,
según palabras de don José,
"no puedes acristianar a
semejante masa incorpórea, hija mía, 
que no existe más allá de tu ilusión"
Con ello, me recomienda reposo y mucha oración,
sobre todo de lo último.
La verdad, no sé quien está más pirado de los dos,
aunque me trae sin cuidado.
Estoy perdiendo la cabeza, lo sé,
pero quédate tranquilo que no es por ti, es por mí,
dudo haberla tenido nunca 
donde se supone que debe estar,
que, sinceramente,
no sé cuál mierda de lugar es ése.
Bien, me despido ya, te amo
-nunca he dejado de hacerlo
y siempre me ha faltado orgullo para callarlo-.
El reloj marca las 8,
hora de tirar la basura.

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