martes, 7 de enero de 2014

XXVII: Estoy perdidamente enamorado de ti, ¿de acuerdo?


Con esta intermitencia
con que nos amamos,
nuestra relación devendrá de todo menos estable;
pero no me importa, por el momento,
mientras devenga.
Tú bien sabes que,
lo que me pierde de ti, es,
precisa y justamente,
tu tendencia al desequilibrio.
Qué vamos a hacerle,
supongo que te has enamorado de un loco
a la altura de tu trastorno;
ya sabes, Dios los crea y ellos se juntan.
Si desprecias a un pirado como amante,
empieza por sanarte primero,
mi amor.
No es por alusión que digo esto,
sino para que entiendas
por qué he llegado a gustarte pese a turbarte
(como imagino que te habrán gustado otros pirados antes y luego te preguntas el porqué; hete aquí mi aporte).
Entre mis manías,
la de fraguar planes a todas horas.
Aunque en ocasiones sean tan sencillos como inventivos.
Para contigo es:
hacerte un crucigrama en la piel;
envolver tus rabias con celo;
saciar tu sed de conocimiento
con historias que padezcan obesidad
(no quiero que pases hambre a mi lado, reina mía);
Procuraré, cuando duermas conmigo,
que amanezcas antes de sonar la alarma,
pienso empacharte a besos y con discursos matutinos,
algo así como:
¿es posible amanecer con tan sólo cuatro horas de descanso
y no perder ni un grado de belleza?
y tú tendrás que contestarme,
porque me encanta (¡me encanta!) escucharte.
Me encanta escucharte mientras te quejas, 
dudas, chillas, entras en cólera...
Devoraría hasta el último de tus epitafios sin sentido.
Los adoro todos, incluyendo el de
"al cabrón dale ración doble, por favor";
¿se puede ser más linda?, ¡ay!, diría que no.
Yo lo que te daría es un mordisco que te arañe el alma,
musa entre las musas.
Hilaré tus sueños con los míos, si gustas,
para mí no hay mejor escenario que
amanecer a tu lado,
y cansarme en el mismo lugar mientras te abrazo.
Me gustas entera,
no cambiaría ni un solo punto,
menos una coma,

no hablemos de lunares.
Coger aire contigo es necesario
(casi cuestión de subsistencia).
Tremenda retórica la tuya.
Ay, mi ángel, todavía no puedo creer
que sea yo quien te quita las vergüenzas,
y a quien mandas a la mierda
cuando te da una neura de esas tuyas.
¡Te amo tanto, mi reina!
De principio a fin,
de fin a principio, y vuelta a empezar.
(¿¡Tan bueno he sido este año para semejante regalo!?).
Gracias, bella mía, por convertirme en el loco
más feliz y cuerdo de toda existencia,
¿de acuerdo?
Te amo, te amo ahora, ayer,
te amo siempre, delicia mía.
Ay, por Dios, ¿te he dicho ya que te amo?
Contigo todo es exquisitez, preciosa entre las preciosas,
una exquisitez que me abruma,
no exenta de una alta carga erótica;
si te miras al espejo mientras sonríes,
y te escuchas gritando porque de pronto algo te fastidia,
entenderás esto último.
Siempre me han tildado de loco,
un tanto obsesivo, también, también...
No, recién atisbo cierto grado de enfermedad,
y, curiosamente, creo estar más sano que nunca.
Te adoro, mi reina, te adoro. ¡Te adoro!
No te puedo adorar más,
¿de acuerdo?
¿Quieres divorciarte conmigo, princesa?

PD: Tu loco, quien rara vez se siente cuerdo sin su loca.

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