martes, 21 de enero de 2014

XXIV: Entiende que mis caricias sólo existen en tu piel



Mi cielo durmiente, 
desde hace veinte días 
tienes por costumbre 
ir al parque por las tardes, 
sobre todo las de viento.
Que tienes que aclarar ideas,
que alguien parece cortarte las alas.
No entiendo una palabra de lo que dices,
sin embargo, se te ve muy segura.
Lo respeto.
Yo insisto en acompañarte,
tú en rechazar la oferta.
Al final voy a pensar que
hablas de mí cuando mencionas al que corta,
y a tu espacio cuando aludes a las alas.
Dime, mi vida, ¿tan libre es tu alma?

Mi compromiso es férreo, en cambio,
empiezo a creer que lo tuyo
se llama capricho en vez de amor;
¿quizá confusión?
Ojalá, mi eterno cielo, ojalá sólo sea eso,
una sana e inteligible confusión;
porque si eso fuera con un par de capas de pintura...
Si quieres la cambio de color,
le quito las humedades,
y tapo roturas pasadas con masilla.
Lo que miedo me da
(y miedo se queda corto porque me paraliza hasta la lengua cuando reparo en ello),
es que ya no me quieras
¿no es eso verdad?
dime que no es verdad, mi cielo.

Si de lo segundo se tratase,
prometo comprar una carta
con toda gama de colores.
Mira que si me pides que te baje la Luna te la bajo,
que aunque suene pedante,
o demasiado romántico,
juro por lo que más quiero
(y ahora mismo no se me ocurre otra persona que tú ocupando ese lugar)
que si es menester
me avengo con un ingeniero
empezamos a trazar planos
y averiguamos cómo hacerlo.
Torres más altas han caído y otras tantas se han repuesto.
Por ahora, mi vida,
tú sigue yendo al parque,
que yo voy preparando la carta
y le escribo al ingeniero.

viernes, 17 de enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

Novelas de Miguel Ángel Guerreo Ramos; para mí, todo un descubrimiento

         

"Sin ser el romántico un género que se halle dentro de mis preferencias literarias, este autor ha conseguido sorprenderme de grata, gratísima, manera. Tanto es así que me ha hecho pensar que, en según qué obras, no es el género, siquiera la historia, sino el cómo se escribe."

martes, 7 de enero de 2014

XXVII: Estoy perdidamente enamorado de ti, ¿de acuerdo?


Con esta intermitencia
con que nos amamos,
nuestra relación devendrá de todo menos estable;
pero no me importa, por el momento,
mientras devenga.
Tú bien sabes que,
lo que me pierde de ti, es,
precisa y justamente,
tu tendencia al desequilibrio.
Qué vamos a hacerle,
supongo que te has enamorado de un loco
a la altura de tu trastorno;
ya sabes, Dios los crea y ellos se juntan.
Si desprecias a un pirado como amante,
empieza por sanarte primero,
mi amor.
No es por alusión que digo esto,
sino para que entiendas
por qué he llegado a gustarte pese a turbarte
(como imagino que te habrán gustado otros pirados antes y luego te preguntas el porqué; hete aquí mi aporte).
Entre mis manías,
la de fraguar planes a todas horas.
Aunque en ocasiones sean tan sencillos como inventivos.
Para contigo es:
hacerte un crucigrama en la piel;
envolver tus rabias con celo;
saciar tu sed de conocimiento
con historias que padezcan obesidad
(no quiero que pases hambre a mi lado, reina mía);
Procuraré, cuando duermas conmigo,
que amanezcas antes de sonar la alarma,
pienso empacharte a besos y con discursos matutinos,
algo así como:
¿es posible amanecer con tan sólo cuatro horas de descanso
y no perder ni un grado de belleza?
y tú tendrás que contestarme,
porque me encanta (¡me encanta!) escucharte.
Me encanta escucharte mientras te quejas, 
dudas, chillas, entras en cólera...
Devoraría hasta el último de tus epitafios sin sentido.
Los adoro todos, incluyendo el de
"al cabrón dale ración doble, por favor";
¿se puede ser más linda?, ¡ay!, diría que no.
Yo lo que te daría es un mordisco que te arañe el alma,
musa entre las musas.
Hilaré tus sueños con los míos, si gustas,
para mí no hay mejor escenario que
amanecer a tu lado,
y cansarme en el mismo lugar mientras te abrazo.
Me gustas entera,
no cambiaría ni un solo punto,
menos una coma,

no hablemos de lunares.
Coger aire contigo es necesario
(casi cuestión de subsistencia).
Tremenda retórica la tuya.
Ay, mi ángel, todavía no puedo creer
que sea yo quien te quita las vergüenzas,
y a quien mandas a la mierda
cuando te da una neura de esas tuyas.
¡Te amo tanto, mi reina!
De principio a fin,
de fin a principio, y vuelta a empezar.
(¿¡Tan bueno he sido este año para semejante regalo!?).
Gracias, bella mía, por convertirme en el loco
más feliz y cuerdo de toda existencia,
¿de acuerdo?
Te amo, te amo ahora, ayer,
te amo siempre, delicia mía.
Ay, por Dios, ¿te he dicho ya que te amo?
Contigo todo es exquisitez, preciosa entre las preciosas,
una exquisitez que me abruma,
no exenta de una alta carga erótica;
si te miras al espejo mientras sonríes,
y te escuchas gritando porque de pronto algo te fastidia,
entenderás esto último.
Siempre me han tildado de loco,
un tanto obsesivo, también, también...
No, recién atisbo cierto grado de enfermedad,
y, curiosamente, creo estar más sano que nunca.
Te adoro, mi reina, te adoro. ¡Te adoro!
No te puedo adorar más,
¿de acuerdo?
¿Quieres divorciarte conmigo, princesa?

PD: Tu loco, quien rara vez se siente cuerdo sin su loca.

sábado, 4 de enero de 2014

XXII: Discusión de enamorados (por falta de medicación)


Confróntame cuando sea mentira.
Linda obsesión la tuya, 
y yo reclutando verdades.
Criticas por vicio, pero mejor me callo.
Ten en cuenta que, si esto sale rana,
tendré que desquitarme con otra,
tu cólera será con razón, pues.
Mujer, el hambre se sacia comiendo,
y ni tú eres Capuleto ni yo Montesco,
déjate de dramas sin cartelera,
que aquí no ha pasado nada.
(por no pasar, no pasa ni el tiempo en ésta absurda discusión que me agota...).
“Un arquetipo de cabrón es lo que eres”, 

me sueltas, así, de repente, sin venir a cuento.
Para Santa, mi paciencia.
“Y yo sin ponerte los cuernos…”, pienso.
“Mejor revísate ese ojo clínico
del que tanta gloria emanas,
que el orgullo empieza a capearte,
y no al revés”, te suelto yo, por soltarte algo
(porque entender, no entiendo ni media).
Me voy a construir un monumento,
si es que no me construye él a mí.
Con esa mente brillante que dices tener,
(me rindo ante tu capacidad resolutiva)
y enganchada al jaque mate sin fricción.
Desperdicio entonces.
Mis sentimientos son reales,
igual que mis palabras,
aunque de nada sirva decirlo.
Disculpe usted a este intento de romántico,
señorita, "perfección" donde las haya.
¿Y si te dejas de análisis rocambolescos y me sientes?,
que no soy tu paciente, vida mía,
(bendita cátedra de psicología la tuya).
A estas alturas,
tus reproches mes lo pongo por bufanda,
después de seis años apelando,
y un doctorado en leyes ciudadanas,
creo tener algún derecho, ¿no?
Y de arañarme ni lo sueñes,
hasta ahí podríamos llegar,
de princesa a gata en celo.
Todavía tengo el disfraz del buen amante,
el que me obligas a quitarme a diario.
Porque,
si te digo que te quiero, miento,
si no te lo digo, adiós carné de príncipe azul
(aquel que me asignaste cuando aún tenías sentido del humor).
Si juro que tu amiga no me gusta,
también miento,
por lo visto, se me cierra y abre la comisura de los labios
de no sé qué modo,
pero un modo que según tú no hace más que delatarme.
Si no me arreglo, no me preocupa gustarte,
si me arreglo, me gusta otra.
En serio, ¿no te cansas?
Obra maestra la de Dios
(ni Bach ni ostras en vinagre),
que ni el mejor de los físicos,
por más especialidad que tenga,
descifra tus neuronas sin morir en el intento.
Mira, mujer, como ya no sé qué más decirte,
mejor lo dejamos por hoy,
si eso seguimos mañana,
¿te parece?
"Ves, mientes, por eso evitas la conversación. Te odio."
"¿¡Conversación...!?", me pregunto.
"Yo a esto más bien lo llamaría
desacreditación gratuita.
Un sinsentido que sólo entiendes tú.
Definitivamente, te equivocaste de estudios, mi reina.
Lo tuyo hubiesen sido las causas sin justicia,
y lo mío, puede,
los diagnósticos sin receta.
Curioso, ¿nos cambiamos las carreras?", te replico.
"Vete a la mierda", rebates.
"Ah, ¿que hay más mierda todavía?".