jueves, 18 de septiembre de 2014

Cuento: Mamá y los sueños

Mamá y los sueños

Había una vez una niña a la que cierta noche su madre dijo: "Pase lo que pase, cariño mío, te digan lo que te digan, veas lo que veas, sea tarde o sea temprano: nunca dejes de creer en tus sueños". 
  Y llegó un día en que, tras haber amado y deseado de corazón, logró hacer realidad no todos pero sí sus más preciados sueños. Siendo su mamá ya muy mayor ésta preguntó a su hija: "Entonces, ¿creíste en tus sueños, vida mía? ¿Eres feliz? A lo que la hija respondió: "Así es, mamá hermosa. Tus palabras las llevé siempre conmigo, atesoradas con recelo, y ha sido gracias a ellas que sé disfrutar tanto de la cima como del camino".

FIN

domingo, 14 de septiembre de 2014

Maldita dulzura (la tuya)

"No se trata de que hoy te quiera menos, solo me canso de esperar. Sentado frente a la pantalla, leyendo tu nombre, observando tu cara (pixelada)... Lo mismo de siempre, solo que últimamente te siento menos. Y es precisamente eso lo que me desalienta y convierte en borroso el sueño que mantengo en secreto, a tu lado, aunque lejos —demasiado—. No soy yo, siquiera la distancia: es tu silencio el que me obliga. Los sueños, sueños son, pero aun existiendo, quizá, y de única forma en nuestra cabeza, necesitan alimentarse de lo externo. En este caso tú eres lo externo (también). Y de ti no recibo nada. ¿Entiendes ahora?".

En nuestro perfil de Twitter os preguntamos: "¿Qué tienen en común la literatura y la música?". Cuando una obra te hace sentir, eso es arte. 
Os dejamos un vídeo para esta lluviosa tarde de domingo. 
"Lo que quieras pero hablemos...". Aquí: vm 

lunes, 1 de septiembre de 2014

_El bolígrafo de gel verde_, de Eloy Moreno


Cautivadora, intensa, desde el minuto uno. Profunda, sincera. Eloy nos sumerge en las pasiones de un joven informático que ocupa asiento día tras día en el mismo cubículo de la misma oficina. Pero su suerte estará a pocos días de cambiar cuando, llevado por un impulso repentino y harto de que desaparezcan sus bolígrafos de gel –sus preferidos–, decida bajar en la hora del descanso a comprar uno: esta vez de color verde. Amor, desamor, rutina, hablarse sin hablar, el tedio de que todo se suceda siempre igual. Aun así, existe una posibilidad, una idea para que su vida cambie –por completo–. 

De venta en Casa del libroAmazon, en la propia web del autor.

Sinopsis extraída de Amazon:

Restaurante: 50 m2 Cafetería: 30 m2 Casa de los padres de Rebe: 90 m2 Casa de mis padres: 95 m2 Total: 445 m2   ¿Puede alguien vivir en 445 m2 durante el resto de su vida? Seguramente sí, seguramente usted conoce a mucha gente así. Personas que se desplazan por una celda sin estar presas; que se levantan cada día sabiendo que todo va a ser igual que ayer, igual que mañana; personas que a pesar de estar vivas se sienten muertas. Ésta es la historia de un hombre que fue capaz de hacer realidad lo que cada noche imaginaba bajo las sábanas: empezarlo todo de nuevo. Lo hizo, pero pagó un precio demasiado alto. Pero si de verdad usted quiere saber cuál es el argumento de esta novela, mire su muñeca izquierda; ahí está todo. Esta novela no ha sido galardonada con ningún conocido premio literario; ni siquiera con uno desconocido.

Detalles del producto:

  • Tapa blanda: 320 páginas
  • Editor: Espasa-Calpe; Edición: 1 (11 de enero de 2011)
  • Colección: ESPASA NARRATIVA
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8467035919
  • ISBN-13: 978-8467035919

viernes, 1 de agosto de 2014

_La última jugada_, de Fernando Trujillo Sanz


La última jugada, una novela corta de suspense, cuenta con una trama que te atrapa desde la primera página, y con unos personajes y diálogos que son, a nuestro parecer, la guinda del pastel. Obra de Fernando Trujillo, prolífico autor, que arrasa en los más vendidos de Amazon. Una buena y rápida lectura que además hoy puedes descargar gratis en el gigante de las plataformas digitales.

Sinopsis en Amazon:

Cuatro jugadores han sido convocados a una partida de póquer nada habitual. Cuatro completos desconocidos se enfrentarán y jugarán sus bazas para ganar lo único que les une y que no pueden compartir. 

Ellos han aceptado participar para tener una oportunidad, tan decisiva como peligrosa, en la que lo único importante es vencer. 

Son tres hombres y una mujer muy diferentes, cada uno con su propia estrategia, vigilados por una anfitriona que es mucho más de lo que parece. 

Que empiece el juego. 

Detalles del libro:


  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 314 KB
  • Longitud de impresión: 116
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Editor: Tedd y Todd Escritores Asociados. (18 de julio de 2010)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B003WEA0EM



jueves, 31 de julio de 2014

_El misterio de la escuela submarina_, de Jesús de Andrés Gómez


Si a las pocas páginas de iniciar la lectura de una novela uno de los protagonistas le dice a sus dos hijos que va a confesarles un secreto que cambiará por completo su vidas, ¿te apetecería descubrir qué secreto es ese? Y si unas páginas más adelante su autor te sumerge en unas de las mayores aventuras que nunca hayan vivido ambos jóvenes, ¿querrías saber qué les depara su incipiente destino? Si has contestado afirmativamente a ambas preguntas, entonces te invitamos a leer El misterio de la escuela submarina, una novela repleta de fantasía que, quién sabe, quizá no lo sea tanto. Una lectura fresca, ideal para este verano, con una prosa ágil y cuidada que la convierte en un libro recomendable.

Sinopsis en Amazon: 


Amanda y Nicolás Martín son dos mellizos que pasan sus vacaciones de verano en la isla de Gran Canaria. Un día sus padres les llevan a un extraño lugar en submarino para hacer unas misteriosas pruebas. Después les confiesan la causa que les hace diferentes a los demás y que poseen unas capacidades físicas, mentales y sensoriales muy superiores a las normales. Para desarrollarlas, deberán empezar el nuevo curso en una insólita y espectacular escuela, muy avanzada para su tiempo y situada bajo el mar. 

A su llegada se ven inmersos en un mundo que funciona de manera muy distinta al que conocían hasta entonces. El centro escolar cuenta con una tecnología y unas asignaturas que no se parecen en nada a las que ellos están acostumbrados. En él tienen que aprender a vivir junto a otros chicos que poseen las mismas cualidades que ellos y se dan cuenta de que pueden aprender a hacer cosas que nadie podría ni imaginarse. Sin embargo, suceden acontecimientos extraños que les pondrán a prueba antes de tiempo si quieren resolver los misterios que se les avecinan, porque en la escuela no es oro todo lo que reluce. Menos mal que cuentan con algunos amigos y aliados dispuestos a ayudarles, pero serán ellos los que tengan que asumir los mayores riesgos e incluso jugarse la vida.


Detalles del producto:



  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 818 KB
  • Longitud de impresión: 222
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00LT9T84A





martes, 29 de julio de 2014

_El día que se perdió la cordura_, de Javier Castillo


El día que se perdió la cordura es una novela que atrapa desde la primera página. Suspense, amor y destino son algunos de los ingredientes que sumergen al lector en las peripecias de sus personajes. Provista de una narración amena y de una frescura admirables. Tres historias que se entremezclan para unificarse en un final sorprendente. Desde el Taller queremos dar nuestra sincera enhorabuena a su autor.

Sinopsis en Amazon:
"En el centro de Boston, a las 12 de la mañana de un 24 de diciembre, un hombre camina desnudo con la cabeza decapitada de una joven. El Dr. Jenkins, director del centro psiquiátrico de la ciudad, y Stella Hyden, agente de perfiles del FBI, se adentrarán en una investigación que pondrá en juego sus vidas, su concepción de la cordura, y que viajará atrás 17 años hasta unos eventos fortuitos ocurridos en el misterioso pueblo de Salt Lake". 
Detalles de la novela:
  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 2668 KB
  • Longitud de impresión: 321
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00LLQQYUW
  • Para adquirirla

jueves, 26 de junio de 2014

A esa hora


Quedemos a esa hora en que la vergüenza ya no existe, 
y las penas se cansaron de dar pena, 
Donde el ayer se disfraza de mañana. 
Quedemos a esa hora en que ni tú pretendes ser otra, 
ni yo me esfuerzo en entenderme. 
Quedemos donde no importa la hora,
donde la ropa da calor.
A esa en que el miedo se rompe con tres copas,
y los minutos desisten cuando llega la hora.
Quedemos a esa hora.
A esa en que ya no hay tiempo para pensarlo demasiado.
Quedemos cuando las dudas parecen tenerlo claro,
y el engaño pierde el tiempo en medio de un atasco.
En la que soñaste que sucedía y yo te daba la razón.
Quedemos donde finges llegar tarde,
donde la excusa ya no importa.
A esa en que sólo quedarías a esa hora.
Sé que existen muchas, pero, si gustas, quedamos a esa hora.

domingo, 23 de febrero de 2014

XXXI: La foto es de esta mañana


Entre mis impertinencias 

cantar a las cuatro de la madrugada 
aquella canción que me dedicabas. 
Sacar la basura en bragas, 
y caminar descalza y desnuda 
hasta llegar al arrecife de algas 
-donde me besabas, enfrente de casa-.
Sé que estas curiosas costumbres
molestan a los vecinos,
pero sabes qué pienso: que les jodan,
más molesta tu ausencia 
y ninguno ha picado a la puerta para saber cómo estoy.
Tanto cariño que decían tenernos...
¡Y un cuerno! qué les den uno a uno
-y si es por turnos, mejor-.
Por lo mismo, 
pienso seguir con mis santas manías.
De hecho, 
estoy a un paso de ritualizarlas, 
sólo falta ultimar fecha para el bautizo 
y buscarles nombre y apellidos
-me recuerdan que sigo viva, ¿sabes?-.
Será una ceremonia simbólica pues,
según palabras de don José,
"no puedes acristianar a
semejante masa incorpórea, hija mía, 
que no existe más allá de tu ilusión"
Con ello, me recomienda reposo y mucha oración,
sobre todo de lo último.
La verdad, no sé quien está más pirado de los dos,
aunque me trae sin cuidado.
Estoy perdiendo la cabeza, lo sé,
pero quédate tranquilo que no es por ti, es por mí,
dudo haberla tenido nunca 
donde se supone que debe estar,
que, sinceramente,
no sé cuál mierda de lugar es ése.
Bien, me despido ya, te amo
-nunca he dejado de hacerlo
y siempre me ha faltado orgullo para callarlo-.
El reloj marca las 8,
hora de tirar la basura.

jueves, 13 de febrero de 2014

XXX: Y el caso es que nunca había amado tanto



Te amo como se ama en el teatro, 

a sabiendas que no va a suceder. 

En mi imaginación vuelas libre, 

acompasada entre caprichos con cien ojos abiertos. 
Mi mente a tu lado, 
es ese estado al que tildan de ensoñación 
(aunque, es tanto lo que yo te amo,
que prefiero hablar de devoción).
Te amo vestido en color vino, 
con ojos inyectados en sangre, 
perdidos en tu oscura melena, 
oscura como ciertos momentos, 
vagabundos de historias perdidas e incompletas
que se forjan en la penumbra. 
Y así es como debe ser, muñeca,
pues de otro modo, 
-el cual tan siquiera imagino-, 
perderían la poca verdad que les queda
(y yo ya ando suficiente en desacuerdo).
Te amo sin más, 
y ahora que te amo tanto, 
soy consciente, más que nunca, 
de que tu amistad es la más pura de mis victorias, 
por lo mismo ni debe ni quiero que termine. 
Contigo sueño bailando separados, 
bebiendo sin prisas en un banco, 
mientras te hablo y dibujas arcos en tus labios.
Ahora que te amo tanto, 
distingo esta falta de interés por tocarte con las manos; 
mas quiero acariciar tu piel con mi mirada, 
a cambio una sonrisa
(y si es con carcajadas, mejor). 
Te amo así, de una forma tan modesta como pretenciosa,
la cual deseo que no termine nunca. 
Te amo entre sorbos de rioja, 
y diámetros de estrellas extasiadas por la luna. 
Como te amo tanto, 
te elijo entre todas las elecciones
para averiguar juntos cómo cae la noche.
-No me interesa dormir, 
prefiero deleitarme mientras te observo-.
Luego, si me lo permites, 
es tanta la gracia que desprende tu persona en mi intuición,
que mataría por cincelar versos en tu cuerpo.
Por lo mismo te escribo ahora, 
pues sólo quería dejar claro que: así es como yo te amo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Inspirada (y dedicada) en V. R. Brannigan: ¿Sin estrategia? No, gracias


"Acudir a una cita contigo sin estrategia, es como participar en una misa y que se hayan terminado las hostias sagradas; todo en minúsculas menos la primera letra."



Te quiero, pero sólo un poco, y por supuesto, 
que viene a ser sinónimo de 'por descontado',
te odio con la misma fuerza con la que te quiero.
A veces te mataría a besos, otras, 
te daría un leve empujón, muy leve,
para tirarte por las escaleras.
Imagino que esto último no te ha gustado demasiado, 
déjame que me explique que quizá lo arregle,
(aunque también podrías dejarme un poquito en paz de vez en cuando, entrados en materia como estamos; me refiero a tu costumbre de monopolizar todas las horas que me restan libres para pensar en algo, que suelen ser 24 diarias compartidas con otros pensares de menor importancia; subestimarte es lo menos que quiero, cómo hacerlo si te amo de este modo que me oprime la arteria circunfleja coronaria),
te empujaría por las escaleras para verte caer, junto a callarte,
e iría a recogerte con una maceta, 
por si he de rematar la faena, ya me entiendes.
Obvio que retiro lo último, lo penúltimo, y unas cinco o seis frases más atrás, 
que ya estoy imaginando tu cara, y qué quieres que te diga, 
estás muy susceptible últimamente, ¿no entiendes mis bromas?
(últimamente yo no entiendo nada, cosa que me hace creer que estoy en lo cierto).
Y bien, como no podía ser menos,
cuando te imagino, me dan ganas de estrujarte la cara,
pues eso,
no hagas que me repita, que mira que te gusta que me repita,
y la verdad, complejo de ajo, lo que se dice ajo, no he tenido nunca.
Que te quiero, pero sólo un poco,
y un poco, en mi idioma, significa pensarte a todas horas,
e imaginarme que te hago el amor hasta destrozarte,
sin rodeos;
lo sé, soy algo así como una bestia,
pero una bestia que se muere por tus huesos, al fin y al cabo,
empezando por el cráneo, y terminando en el metatarsiano primero del pie derecho (que es con el que me gusta amanecer a mí, aunque parezca lo contrario...).
Así que imagínate si te quiero un poco,
que mi delirio a tu lado es transparente.
A lo presto, que no quiero redundar-me.
Que contigo hacía lo que está escrito y lo que no,
que para escribirte ya estoy yo, sobre lo indecible también.
Qué suerte la tuya de haberme conocido
(aunque la mía, ni te cuento).
Tampoco cambio la manera que tienes de insultarme,
tampoco, la adoro enterita,
porque significa, a mi modo de verlo, que consigo perturbarte, 
y dime: ¿qué mejor respuesta a mis preguntas que ésa?



PD: Entre mis pasiones, peinarte el alma mientras te desnudo el cabello. 

sábado, 1 de febrero de 2014

XXVII: Si es que no valoras nada (o yo me cierro a lo evidente)




Te bajo la luna

y me la tiras a la cara.

A ver, vida mía,

puedo entender

tus neuras,

que comas palomitas

untadas en mermelada,

que de repente

me bañes a besos,

y que sin sucederse, 

nada relevante,
en una fracción 
de tiempo,
me escudriñes
inyectada en cólera, 
en un tono que 
roza lo desafiante
(así, sin más, de un momento a otro).
Pero, mujer,
que te baje la luna
y me la tires a la cara.
Pues no sé,
me invita a pensar
que nada sacia 
tu curiosidad,
que por más que me esfuerce
el roto de tu alma
escapa a mis detalles 
como el agua al colador.
A ver, mi amor, 
qué quieres qué te diga,
puedo alistarme 
en tus cambios de humor,
sondear tus manías
y diferenciar 
afectos subliminales
(aun cuando otro, a lo poco, vería esquivez);
incluso, 
puedo dejar
que me eches de la cama
cuando, 
según tú,
robo parte de tu almohada.
Pero, cariño, 
que te baje la luna

y me la tires a la cara…

martes, 21 de enero de 2014

XXIV: Entiende que mis caricias sólo existen en tu piel



Mi cielo durmiente, 
desde hace veinte días 
tienes por costumbre 
ir al parque por las tardes, 
sobre todo las de viento.
Que tienes que aclarar ideas,
que alguien parece cortarte las alas.
No entiendo una palabra de lo que dices,
sin embargo, se te ve muy segura.
Lo respeto.
Yo insisto en acompañarte,
tú en rechazar la oferta.
Al final voy a pensar que
hablas de mí cuando mencionas al que corta,
y a tu espacio cuando aludes a las alas.
Dime, mi vida, ¿tan libre es tu alma?

Mi compromiso es férreo, en cambio,
empiezo a creer que lo tuyo
se llama capricho en vez de amor;
¿quizá confusión?
Ojalá, mi eterno cielo, ojalá sólo sea eso,
una sana e inteligible confusión;
porque si eso fuera con un par de capas de pintura...
Si quieres la cambio de color,
le quito las humedades,
y tapo roturas pasadas con masilla.
Lo que miedo me da
(y miedo se queda corto porque me paraliza hasta la lengua cuando reparo en ello),
es que ya no me quieras
¿no es eso verdad?
dime que no es verdad, mi cielo.

Si de lo segundo se tratase,
prometo comprar una carta
con toda gama de colores.
Mira que si me pides que te baje la Luna te la bajo,
que aunque suene pedante,
o demasiado romántico,
juro por lo que más quiero
(y ahora mismo no se me ocurre otra persona que tú ocupando ese lugar)
que si es menester
me avengo con un ingeniero
empezamos a trazar planos
y averiguamos cómo hacerlo.
Torres más altas han caído y otras tantas se han repuesto.
Por ahora, mi vida,
tú sigue yendo al parque,
que yo voy preparando la carta
y le escribo al ingeniero.

viernes, 17 de enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

Novelas de Miguel Ángel Guerreo Ramos; para mí, todo un descubrimiento

         

"Sin ser el romántico un género que se halle dentro de mis preferencias literarias, este autor ha conseguido sorprenderme de grata, gratísima, manera. Tanto es así que me ha hecho pensar que, en según qué obras, no es el género, siquiera la historia, sino el cómo se escribe."

martes, 7 de enero de 2014

XXVII: Estoy perdidamente enamorado de ti, ¿de acuerdo?


Con esta intermitencia
con que nos amamos,
nuestra relación devendrá de todo menos estable;
pero no me importa, por el momento,
mientras devenga.
Tú bien sabes que,
lo que me pierde de ti, es,
precisa y justamente,
tu tendencia al desequilibrio.
Qué vamos a hacerle,
supongo que te has enamorado de un loco
a la altura de tu trastorno;
ya sabes, Dios los crea y ellos se juntan.
Si desprecias a un pirado como amante,
empieza por sanarte primero,
mi amor.
No es por alusión que digo esto,
sino para que entiendas
por qué he llegado a gustarte pese a turbarte
(como imagino que te habrán gustado otros pirados antes y luego te preguntas el porqué; hete aquí mi aporte).
Entre mis manías,
la de fraguar planes a todas horas.
Aunque en ocasiones sean tan sencillos como inventivos.
Para contigo es:
hacerte un crucigrama en la piel;
envolver tus rabias con celo;
saciar tu sed de conocimiento
con historias que padezcan obesidad
(no quiero que pases hambre a mi lado, reina mía);
Procuraré, cuando duermas conmigo,
que amanezcas antes de sonar la alarma,
pienso empacharte a besos y con discursos matutinos,
algo así como:
¿es posible amanecer con tan sólo cuatro horas de descanso
y no perder ni un grado de belleza?
y tú tendrás que contestarme,
porque me encanta (¡me encanta!) escucharte.
Me encanta escucharte mientras te quejas, 
dudas, chillas, entras en cólera...
Devoraría hasta el último de tus epitafios sin sentido.
Los adoro todos, incluyendo el de
"al cabrón dale ración doble, por favor";
¿se puede ser más linda?, ¡ay!, diría que no.
Yo lo que te daría es un mordisco que te arañe el alma,
musa entre las musas.
Hilaré tus sueños con los míos, si gustas,
para mí no hay mejor escenario que
amanecer a tu lado,
y cansarme en el mismo lugar mientras te abrazo.
Me gustas entera,
no cambiaría ni un solo punto,
menos una coma,

no hablemos de lunares.
Coger aire contigo es necesario
(casi cuestión de subsistencia).
Tremenda retórica la tuya.
Ay, mi ángel, todavía no puedo creer
que sea yo quien te quita las vergüenzas,
y a quien mandas a la mierda
cuando te da una neura de esas tuyas.
¡Te amo tanto, mi reina!
De principio a fin,
de fin a principio, y vuelta a empezar.
(¿¡Tan bueno he sido este año para semejante regalo!?).
Gracias, bella mía, por convertirme en el loco
más feliz y cuerdo de toda existencia,
¿de acuerdo?
Te amo, te amo ahora, ayer,
te amo siempre, delicia mía.
Ay, por Dios, ¿te he dicho ya que te amo?
Contigo todo es exquisitez, preciosa entre las preciosas,
una exquisitez que me abruma,
no exenta de una alta carga erótica;
si te miras al espejo mientras sonríes,
y te escuchas gritando porque de pronto algo te fastidia,
entenderás esto último.
Siempre me han tildado de loco,
un tanto obsesivo, también, también...
No, recién atisbo cierto grado de enfermedad,
y, curiosamente, creo estar más sano que nunca.
Te adoro, mi reina, te adoro. ¡Te adoro!
No te puedo adorar más,
¿de acuerdo?
¿Quieres divorciarte conmigo, princesa?

PD: Tu loco, quien rara vez se siente cuerdo sin su loca.

sábado, 4 de enero de 2014

XXII: Discusión de enamorados (por falta de medicación)


Confróntame cuando sea mentira.
Linda obsesión la tuya, 
y yo reclutando verdades.
Criticas por vicio, pero mejor me callo.
Ten en cuenta que, si esto sale rana,
tendré que desquitarme con otra,
tu cólera será con razón, pues.
Mujer, el hambre se sacia comiendo,
y ni tú eres Capuleto ni yo Montesco,
déjate de dramas sin cartelera,
que aquí no ha pasado nada.
(por no pasar, no pasa ni el tiempo en ésta absurda discusión que me agota...).
“Un arquetipo de cabrón es lo que eres”, 

me sueltas, así, de repente, sin venir a cuento.
Para Santa, mi paciencia.
“Y yo sin ponerte los cuernos…”, pienso.
“Mejor revísate ese ojo clínico
del que tanta gloria emanas,
que el orgullo empieza a capearte,
y no al revés”, te suelto yo, por soltarte algo
(porque entender, no entiendo ni media).
Me voy a construir un monumento,
si es que no me construye él a mí.
Con esa mente brillante que dices tener,
(me rindo ante tu capacidad resolutiva)
y enganchada al jaque mate sin fricción.
Desperdicio entonces.
Mis sentimientos son reales,
igual que mis palabras,
aunque de nada sirva decirlo.
Disculpe usted a este intento de romántico,
señorita, "perfección" donde las haya.
¿Y si te dejas de análisis rocambolescos y me sientes?,
que no soy tu paciente, vida mía,
(bendita cátedra de psicología la tuya).
A estas alturas,
tus reproches mes lo pongo por bufanda,
después de seis años apelando,
y un doctorado en leyes ciudadanas,
creo tener algún derecho, ¿no?
Y de arañarme ni lo sueñes,
hasta ahí podríamos llegar,
de princesa a gata en celo.
Todavía tengo el disfraz del buen amante,
el que me obligas a quitarme a diario.
Porque,
si te digo que te quiero, miento,
si no te lo digo, adiós carné de príncipe azul
(aquel que me asignaste cuando aún tenías sentido del humor).
Si juro que tu amiga no me gusta,
también miento,
por lo visto, se me cierra y abre la comisura de los labios
de no sé qué modo,
pero un modo que según tú no hace más que delatarme.
Si no me arreglo, no me preocupa gustarte,
si me arreglo, me gusta otra.
En serio, ¿no te cansas?
Obra maestra la de Dios
(ni Bach ni ostras en vinagre),
que ni el mejor de los físicos,
por más especialidad que tenga,
descifra tus neuronas sin morir en el intento.
Mira, mujer, como ya no sé qué más decirte,
mejor lo dejamos por hoy,
si eso seguimos mañana,
¿te parece?
"Ves, mientes, por eso evitas la conversación. Te odio."
"¿¡Conversación...!?", me pregunto.
"Yo a esto más bien lo llamaría
desacreditación gratuita.
Un sinsentido que sólo entiendes tú.
Definitivamente, te equivocaste de estudios, mi reina.
Lo tuyo hubiesen sido las causas sin justicia,
y lo mío, puede,
los diagnósticos sin receta.
Curioso, ¿nos cambiamos las carreras?", te replico.
"Vete a la mierda", rebates.
"Ah, ¿que hay más mierda todavía?".