lunes, 25 de noviembre de 2013

X: Perdóname, pero es que a estas alturas no me ando con rodeos

Conocerte ha sido tropezar con una roca,
tranquila, que uso gafas de madera y coraza de almidón.
Dime, reina de causas perdidas,
¿acaso eres siempre tan altiva y prepotente?
o el caso que se da es que, te gusta jugar a muñeca rota,
a solitaria que lucha contra todo y contra todos sin saber por qué.
Bien, desconozco tus opciones, tus manías...
Desconozco el motivo que te inspira cada día
Tus rincones, que sospecho que son muchos,
son sólo curiosidad para mi álter ego.
De acuerdo, no le temo ni a las rocas ni a las piedras, 
aprendí a romperlas, a saltarlas, a recomponerlas.
Que si mi corazón me dice que el tuyo me susurra,
entonces debes saber que adoro el sinsentido,
tanto como a los desafíos que pareces prestarte.
Que tu presencia me ha tocado, linda,
y mira que yo a esto de las mariposas en el estómago le hago caso.
Sí, qué vamos a hacerle, soy un romántico sin estrategia.
Te reto a desabrocharte el disfraz que empleas,
poco a poco, con caricias, con reproches si lo deseas.
Que ni modestia ni presunción,
mas bien tómalo como un combate de ajedrez.
Que tu corazón me ha tocado, mujer, 
y si ardo por ti, es porque tu fuego se refugia en el mío.
Que de esto entiendo, guerrera mía,
que las cuerdas de uno no vibran si las del otro están quietas.
Lo siento, pero es que yo, a estas alturas, no me ando con rodeos.

Fíjese

Fíjese en su cara, que es ahí y no en otro sitio,
fíjese en su llanto, tan complicado como sencillo.
Fíjese en su alma, que es mi pregunta y mi concilio.
Fíjese...

IX: Y si...

¿Y si dejasen de atormentarte las penas?
¿Y si un día, como éste, como lo es otro cualquiera, me amases con imperfecciones?
¿Y si aprendes a que las historias que no son tuyas, que son de otros, no te pertenezcan?
¿Y si le das portazo a tus miedos?
Si me dejas, te enseño a barrer llantos,
a hermanar mis defectos con los tuyos,
a escribir historias que no leas,
a convertir silencios en verdades que piquen a tu puerta.
Si me dejas.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Poema: ¿Y si este amor me desgarra?

¿Y si este amor me desgarra?
¿Y si lo que creí necesitar son engaños de un teatro ciego?
O quizás los ciegos sean ellos y no yo,
que no culpables; 
En ese caso, tendré que olvidar consejos,
los que me dieran por confundir pena con silencio.
¿Escuchamos demasiado a los demás y poco a la cabeza?
¿O es nuestra cabeza quien secuestra al corazón?
Creo que estoy enloqueciendo, si no enloquecí hace ya algún tiempo.
Pero no importa, me he acostumbrado a vivir en la duda,
consecuencia de mi miedo,
aunque eso me conlleve pagar el alto precio;
si bien dentro de ese precio está mi libertad.
Que por lo menos en mi libertad me entiendo,
pese a que ignoro estar en lo cierto.


Poesía VII: Cuando me eches de menos recuerda que te estoy escribiendo

Estoy ocupado abriendo puertas, pintando muros, borrando cuentos.
En éste me prohibieron fumar y amar en público, callar en voz alta y mentir en silencio.
¿Ves?, no me he ido, ni te he olvidado, ni enfermé de desconsuelo,
sólo que ando un tanto en desacuerdo, mujer.
Pero no sufras, que entre tú y yo sólo existe una distancia:
la intimidad de tu lectura, en la libertad de mis sueños impresos,
sin medias tintas, ni omisiones por verdades, ni trozos perdidos en el tintero.
Solos tú y yo, un mente a mente, un cuerpo a cuerpo, una batalla de intelectos.

martes, 12 de noviembre de 2013

Micro-poema: Rabia injuriada



  Tediosa Luna, insaciable canto de poetas.
Salvaje mar, siempre vanidoso por su grandeza.
¡Alto!... ¡el viento!, inoportuno viento,
vienes, vas, te das la vuelta…
¡Ni el Sol alegra mis mañanas con su fuerza!
Minutos que no cuentan, horas que no son.
¡Maldita miel!, ¡maldito todo!
lo siento…
Y hasta ese todo, son despojos de tu ser.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Memorias de un padre satisfecho

Antes de morir, mi padre me entregó una hoja. Me dijo que figuraba un testamento: el suyo, el que se llevaba consigo.
Veinte años después, mi mayor logro en la vida es haber confiado el mío.
“Una sola semilla del árbol más fuerte, será consecuencia de la más bella reacción en cadena.”
Procura largas raíces, de ésas que son libres para explorar, pero conscientes de los pasos que van sellando.


Microrrelato: El tiempo, quizá, vale más que tu duda

El tiempo, quizás vale más que tu duda.

Corría el año 58 cuando me pregunté si podría hacerlo; ¡ahora hace tanto que no nos vemos! Como buen filósofo que fui y soy, me quedé pensando, sopesando los pros y los contras. Mientras tanto, las farmacéuticas ponían a disposición del consumidor nuevos brebajes que prometían milagros, al tiempo que otras inventaban vacunas para enfermedades que más tarde dirían curar. La tecnología avanzaba a pasos agigantados, lo nunca visto, la revolución. Mi viejo Chévrolet, antes la envidia de tantos, empezó a quedarse anticuado. Mi melena, aquella que decías adorar, iba emblanqueciendo; pero eso no es lo peor, lo peor es que a día de hoy apenas queda el recuerdo de lo que fue. Lo que sucede es, y por eso te escribo esta carta en puño y letra, a la antigua usanza, (sí, amada mía, sigo siendo un romántico) que ya sé la respuesta a mi pregunta, y, curiosamente, se responde con otra interrogación:
¿Quieres casarte conmigo?

sábado, 9 de noviembre de 2013

Tengo prisa


-¿Por qué corres, amigo?
-Tengo prisa.
-Te noto triste, quizás cansado.
-Puede.
-¿Puedo saber por qué?
-Tengo que llegar a esa cima, la de la gran montaña.
-¿Disfrutas del paisaje? 
-Adiós, no tengo tiempo, tengo prisa.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

martes, 5 de noviembre de 2013

sábado, 2 de noviembre de 2013

Microrrelato: El sí quiero

                                 
El sí quiero

El tupido velo cayó sobre su rostro cegándola por completo, como siempre sucede ante una decisión de tal magnitud. Las orquídeas color marfil parecían mirarla de soslayo, cómplices del momento, como apiadándose de su alma. Entonces, el vestido blanco sin vida, se ciñó cada vez más en su delicada figura delatando las, cada vez más, agitadas inspiraciones de la joven. El silencio se hizo, la aglomeración de cuerpos allí presentes empezaron a mover sus cabezas de un lado a otro, inquietos, buscando miradas junto con los murmullos que resonaban en el eco de la sala. Tras el nerviosismo generalizado, se giró, examinó uno a uno a todos los presentes, cogió la mano del que tenía al lado que era, junto con ella, el protagonista de la escena; de la rocambolesca escena. ¡Bendito teatro de títeres emperifollados! Y, de nuevo, como antes, inflando sus pulmones con un suspiro mayor que el anterior, por fin soltó el: sí, quiero. ¡Aleluya! todos suspiraron bendecidos.
A las dos semanas marido y mujer estaban de regreso a casa, felices, unidos... satisfechos por su decisión. La operación de su esposa, había resultado un auténtico éxito.