sábado, 27 de julio de 2013

Ensayos

Una opinión personal sobre el «desapego»

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Ensayo sobre un fragmento extraído de «El Vórtice» (libro que trata sobre la «Ley de Atracción»).



                                          
                                                    Somos hijos de nuestra época

Desconozco por qué extraño motivo pero en ocasiones una frase se clava en tu alma, tal vez en alguna neurona de tu cerebro, pues todavía recuerdo cuando, en una clase de 1º de Antropología, el profesor de Historia soltó un categórico: "Somos hijos de nuestra época". Yo, que de un tiempo hacia aquí, me autodefino normalmente en silencio filósofa de nacimiento, he de reconocer que esa máxima me ha dado mucho qué pensar. Tanto es así que parece haberme otorgado un nada desdeñable grado de entendimiento a fin de analizar el comportamiento humano. Qué somos las personas sino una sucesión de nuestros contemporáneos, quienes vivimos en función de lo que observamos y pensamos según opinan los más afines a nuestro modo de entender la vida; pero, en cualquier caso, siempre sujetos a la certeza que se materializa cuando “unos cuantos respaldan nuestras ideas”. Pues si una creencia se limita a nuestros incesantes pensamientos, de manera que nadie más haya postulado nada semejante al respecto, ésta pierde su fuerza tan pronto ha sido germinada. Y partiendo de la mencionada premisa, “somos hijos de  nuestra época”, podemos entender o cuando menos aproximarnos el tipo de matrimonio patriarcal de nuestros abuelos, el auge de divorcios respaldado por la incorporación de la mujer a la sociedad del trabajo; la ropa, bebidas, series de televisión, realitys tan de moda dado que el ser humano, por más que afirme lo contrario, es cotilla de nacimiento (somos seres sociales). Y aun a sabiendas que todo es puro teatro, consigue embelesar al personal en tanto que lo mantiene retenido frente a la pantalla con el fin de averiguar qué sucederá en el siguiente capítulo. Sin embargo, de cómo se actúa ante el escaparate a lo que somos lejos de él existe un generoso trecho. Con todo, lo logran. 
  Hace unos días concluí la lectura de Dime quién soy, de Julia Navarro, y tal como me sucede con todas las novelas que son de mi agrado, tuve la oportunidad de meterme en la piel de sus personajes. Dicho lo cual, quién discutiría que Hitler era un tarado vanidoso, ególatra y narcisista, que atesoraba inmensurables ansias de poder, provisto de un acentuado don de la oportunidad y de la manipulación. No obstante, si contextualizamos dicha idea, nos topamos con una época de "permitido" belicismo y afán de imperialismo, una época en la que la vida humana poseía casi el mismo valor que la de cualquier otro ser del reino animal, respaldada, a su vez, por cientos de años de sangrienta historia donde los derechos de cada cual se encontraban en la más firme de las cuerdas flojas. De manera que, si nos situamos en el contexto, tal vez, solo tal vez, seamos capaces de entender (que no justificar, ¡Dios me libre!) cómo casi la inmensa totalidad de una nación permitió —ya fuera de un modo más o menos indirecto genocidios de toda índole, la carencia absoluta de libertad individual, desigualdades sin precedentes y un largo etcétera que nada tienen que ver con los supuestos derechos humanos. De ese modo puede que el monstruo de Hitler, pese a que continúe siendo un monstruo, ya no lo sea tanto. Asesinar de forma deliberada en aras de un conflicto bélico-religioso, desahuciar, rescindir suministros básicos, apoderarse de los ahorros de toda una vida... ¿existe tanta diferencia? 
Y bien, dicho esto, vuelvo a resumir lo aquí expuesto con tan acertada misiva de mi exprofesor, "somos hijos de nuestra época", que da nombre al ensayo. Les dejo pensando.


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                                      Algunos refraneros populares están sin terminar


Algunos refraneros populares existen sin final. Y como muestra de ello, les dejo un par de ejemplos:
"Quien tiene un amigo tiene un tesoro" A buen seguro nadie discutirá sobre la veracidad de la anterior afirmación. ¿Y si le añadiéramos esto otro?: "Quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero será esclavo de convertir los miedos del otro en suyos propios".
  Y: "Cuando el río suena agua lleva". Versión terminada: "Cuando el río suena agua lleva, o bien la envidia conlleva".
  Y así muchos más.