jueves, 25 de abril de 2013

Microrrelato: Mejor final que éste (de Toni García)

Comparto el relato de alguien muy especial para mí, el cual concursó en el certamen de "Relats Curts TMB 2013". La verdad, no sé si soy objetiva del todo, pero me parece precioso, te cautiva ya en la primera frase. Ahí os lo dejo...

Mejor final que éste

domingo, 21 de abril de 2013

Microcuento: "Tsunami", seleccionado en el certamen de editorial Kelonia.


Mi microrrelato "Tsunami" seleccionado para la antología de editorial Kelonia. Una antología con carácter benéfico, para el Festival Fantasía Fuenlabrada. Durante el 2013 no puedo hacer pública mi

lunes, 1 de abril de 2013

Poesía: Un pequeño espacio para la escritura automática

Hoy estrenamos un nuevo rincón para poesías. Escritura automática, porque es de ese modo que concebimos la poesías... dejándonos llevar. Algunas poseen un claro sentido, otras tal vez son un tanto más ambiguas, y prácticamente todas, de amor y desamor. ¡Bienvenidos al Taller!


XXXI: La foto es de esta mañana
Entre mis impertinencias,
cantar a las cuatro de la madrugada 
aquella canción que me dedicabas. 
Sacar la basura en bragas, 
y caminar descalza (y desnuda) 
hasta llegar al arrecife de algas 
-donde me besabas, enfrente de casa-.
Sé que estas curiosas costumbres
molestan a los vecinos,
pero sabes qué pienso: tanto me da,
más molesta tu ausencia 
y ninguno ha llamado a la puerta para saber cómo estoy.
Tanto cariño que decían tenernos...
¡Al cuerno! qué les den, uno a uno
-y si es por turnos, tanto mejor-.
Por lo mismo, 
pienso seguir con mis santas manías.
De hecho, 
estoy a un paso de ritualizarlas, 
sólo falta ultimar fecha para el bautismo
y buscarles nombre y apellidos
-me recuerdan que sigo viva, ¿sabes?-.
Será una ceremonia simbólica;
según palabras de don José:
"no puedes, ni debes, acristianar a
semejante masa incorpórea, hija mía, 
que no existe más allá de tu ilusión"
Con ello, me recomienda reposo y mucha oración,
sobre todo de lo último.
La verdad, desconozco quien está peor de los dos,
aunque, para ser sinceros, me trae sin cuidado.
Estoy perdiendo la cabeza, lo sé,
pero quédate tranquilo que no es por ti, es por mí,
lo cierto es que dudo haberla tenido nunca 
donde se entiende que debe estar,
que sinceramente
no sé cuál ignoto lugar es ése.
Bien, me despido ya. Te amo.
Nunca he dejado de hacerlo,
y siempre he carecido de orgullo para callarlo.
El reloj marca las 8,

hora de tirar la basura.


XXX: Y el caso es que nunca había amado tanto

Te amo como se ama en el teatro, 
a sabiendas que no debe suceder. 
En mi imaginación vuelas libre, 
acompasada entre caprichos con cien ojos abiertos. 
Mi mente a tu lado,
es ese estado al que tildan de ensoñación
(aunque es tanto lo que yo te amo,
que prefiero hablar de devoción).
Te amo vestido en color vino,
con ojos inyectados en sangre,
perdidos en tu oscura melena,
oscura como ciertos momentos,
vagabundos de historias perdidas e incompletas
que se forjan en la penumbra.
Y así es como debe ser, muñeca,
pues de otro modo,
-el cual tan siquiera imagino-,
perderían la poca verdad que les queda
(y yo ya ando suficiente en desacuerdo).
Te amo sin más,
y ahora que te amo tanto,
soy consciente, más que nunca,
de que tu amistad es la más pura de mis victorias,
por lo mismo ni debe ni quiero que termine.
Contigo sueño bailando separados,
bebiendo sin prisas en un banco,
mientras te hablo y dibujas arcos en tus labios.
Ahora que te amo tanto,
distingo esta falta de interés por tocarte con las manos;
mas quiero acariciar tu piel con mi mirada,
a cambio, te pido tu sonrisa
(y si es con carcajadas, mejor).
Te amo así, de una forma tan modesta como pretenciosa,
la cual deseo que no termine nunca.
Te amo entre sorbos de rioja,
y diámetros de estrellas extasiadas por la luna.
Como te amo tanto,
te elijo entre todas las elecciones
para averiguar juntos cómo cae la noche.
-No me interesa dormir,
prefiero deleitarme mientras te observo-.
Luego, si me lo permites,
es tanta la gracia que desprende tu persona en mi intuición,
que mataría por cincelar versos en tu cuerpo.
Por lo mismo te escribo ahora,
pues sólo quería dejar claro que: así es como yo te amo.


                                                            
¿Sin estrategia? No, gracias

"Acudir a una cita contigo sin estrategia, es como ir a una misa y que se hayan terminado las hostias sagradas; todo en minúsculas menos la primera letra."



Te quiero, pero sólo un poco, y por supuesto, 
que viene a ser sinónimo de 'por descontado,
te odio con la misma fuerza con la que te quiero.
A veces te mataría a besos, otras, 
te daría un leve empujón, muy leve,
para tirarte por las escaleras.
Imagino que esto último no te ha gustado demasiado, 
déjame que me explique que quizá lo arregle,
(aunque también podrías dejarme un poquito en paz de vez en cuando, entrados en materia como estamos; me refiero a tu costumbre de monopolizar todas las horas que me restan libres para pensar en algo, que suelen ser 24 diarias compartidas con otros pensares de menor importancia; subestimarte es lo menos que quiero, cómo hacerlo si te amo de este modo que me oprime la arteria circunfleja coronaria),
te empujaría por las escaleras para verte caer, junto a callarte,
e iría a recogerte con una maceta, 
por si he de rematar la faena, ya me entiendes.
Obvio que retiro lo último, lo penúltimo, y unas cinco o seis frases más atrás, 
que ya estoy imaginando tu cara, y qué quieres que te diga, 
estás muy susceptible últimamente, ¿no entiendes mis bromas?
(últimamente yo no entiendo nada, cosa que me hace creer que estoy en lo cierto).
Y bien, como no podía ser menos,
cuando te imagino, me dan ganas de estrujarte la cara,
pues eso,
no hagas que me repita, que mira que te gusta que me repita,
y la verdad, complejo de ajo, lo que se dice ajo, no he tenido nunca.
Que te quiero, pero sólo un poco,
y un poco, en mi idioma, significa pensarte a todas horas,
e imaginarme que te hago el amor hasta destrozarte,
sin rodeos;
lo sé, soy algo así como una bestia,
pero una bestia que se muere por tus huesos, al fin y al cabo,
empezando por el cráneo, y terminando en el metatarsiano primero del pie derecho (que es con el que me gusta amanecer a mí, aunque parezca lo contrario...).
Así que imagínate si te quiero un poco,
que mi delirio a tu lado es transparente.
A lo presto, que no quiero redundar-me.
Que contigo hacía lo que está escrito y lo que no,
que para escribirte ya estoy yo, sobre lo indecible también.
Qué suerte la tuya de haberme conocido
(aunque la mía, ni te cuento).
Tampoco cambio la manera que tienes de insultarme,
tampoco, la adoro enterita,
porque significa, a mi modo de verlo, que consigo perturbarte, 
y dime: ¿qué mejor respuesta a mis preguntas que ésa?



PD: Entre mis pasiones, peinarte el alma mientras te desnudo el cabello. 




                 XXVII: Si es que no valoras nada (o yo me cierro a lo evidente)

Te bajo la luna

y me la tiras a la cara.

A ver, vida mía,

puedo entender

tus neuras,

que comas palomitas

untadas en mermelada,

que de repente

me bañes a besos,

y que sin sucederse, 

nada relevante,
en una fracción 
de tiempo
me escudriñes
inyectada en cólera, 
en un tono que 
roza lo desafiante
(así, sin más, de un momento a otro).
Pero, mujer,
que te baje la luna
y me la tires a la cara.
Pues no sé,
me invita a pensar
que nada sacia 
tu curiosidad,
que por más que me esfuerce
el roto de tu alma
escapa a mis detalles 
como el agua al colador.
A ver, mi amor, 
qué quieres qué te diga,
puedo alistarme 
en tus cambios de humor,
sondear tus manías
y diferenciar 
afectos subliminales
(aun cuando otro, a lo poco, vería esquivez);
incluso, 
puedo dejar
que me eches de la cama
cuando, 
según tú,
robo parte de tu almohada.
Pero, cariño, 
que te baje la luna
y me la tires a la cara…



XXIV: Entiende que mis caricias sólo existen en tu piel

Mi cielo durmiente, 
desde hace veinte días 
tienes por costumbre 
ir al parque por las tardes, 
sobre todo las de viento.
Que tienes que aclarar ideas,
que alguien parece cortarte las alas.
No entiendo una palabra de lo que dices,
sin embargo, se te ve muy segura.
Lo respeto.
Yo insisto en acompañarte,
tú en rechazar la oferta.
Al final voy a pensar que
hablas de mí cuando mencionas al que corta,
y a tu espacio cuando aludes a las alas.
Dime, mi vida, ¿tan libre es tu alma?

Mi compromiso es férreo, en cambio,
empiezo a creer que lo tuyo
se llama capricho en vez de amor;
¿quizá confusión?
Ojalá, mi eterno cielo, ojalá sólo sea eso,
una sana e inteligible confusión;
porque si eso fuera con un par de capas de pintura...
Si quieres la cambio de color,
le quito las humedades,
y tapo roturas pasadas con masilla.
Lo que miedo me da
(y miedo se queda corto porque me paraliza hasta la lengua cuando reparo en ello),
es que ya no me quieras
¿no es eso verdad?
dime que no es verdad, mi cielo.

Si de lo segundo se tratase,
prometo comprar una carta
con toda gama de colores.
Mira que si me pides que te baje la Luna te la bajo,
que aunque suene pedante,
o demasiado romántico,
juro por lo que más quiero
(y ahora mismo no se me ocurre otra persona que tú ocupando ese lugar)
que si es menester
me avengo con un ingeniero
empezamos a trazar planos
y averiguamos cómo hacerlo.
Torres más altas han caído y otras tantas se han repuesto.
Por ahora, mi vida,
tú sigue yendo al parque,
que yo voy preparando la carta
y le escribo al ingeniero.



Puedo olerte

Te la dedico a ti, sin conocerte, porque puedo olerte,
porque sé que estás a pocas noches de llamar a mi puerta,
y porque muero imaginando que la abro... y te veo.
Porque te he soñado muchos días, aun sin saber tu rostro,
te he sentido tantas veces que confundí otras caras...
Cuando llegues, que espero sea pronto, aquí estaré para recibirte,
llena de júbilo, feliz, casi incrédula si me lo permites,
con sonrisas que nacerán solas, que no tendré que fingir.
No fui buena dando besos, ni abrazos, no supe guardarlos,
mas eran para ti...
No era fría... solo estaba en terreno equivocado.
Creí no haber nacido para existirte, ahora sé que me equivoqué.
Pero estás cerca, es lo único que importa, puedo olerte...
Me lo han dicho la Luna y el Sol, las estrellas, un eclipse, mis sueños.
los que sueño despierta, los otros..., los otros no, esos me confunden.
No te detengas ahora, no lo hagas, sigue adelante, te espero.
Jamás desistí. ¡Mentira, sí lo hice!...
Llegué a pensar que no me encontrarías, no creía en princesas.
Si te dicen que des media vuelta, mejor no escuches,
pues no saben lo que dicen, pobres inmortales...
No tengo prisa en darte lo que he guardado, lo haré lenta...
el ritmo lo escogeremos juntos, ¿cómo perder lo tan esperado?
Y si lloras, por favor, hazlo de felicidad
mas si fuera de tristeza, compártela conmigo,
no dudaré en tirarla por la ventana; no creo que la coja nadie.
Ya no tengo miedo, estudié los últimos años,
para crecer cuando te tenga al lado, mejor delante.
Ya puedo olerte, sí, lo sé... cuando te vea, cesará mi ceguera,
ya, puedo olerte, sí, y créeme:
eres la mejor fragancia jamás pensada.


Te despides sin despedirte                                                  

Miro a lo lejos, te busco y no te encuentro,
pareces desaparecido, sin rostro, sin huella.
Ya no escucho tu voz, quizá te has ido,
Puede que sea cierto, nada es eterno.
Sí, vuelvo a mirar… nada, ni rastro de ti…
¿Por qué?, ¿por qué me has dejado?
Recuerdo que me alertaste, cansado,
“si no cambias, me perderás”.
Mas nunca te creí capaz, solo eran palabras.
¿Qué he hecho? ¿Acaso he de conocerme?
Nadie se conoce en estos tiempos…
¿O sí?
Entonces vuelvo a mirar enfrente, y te veo.
Sí que estás, no te has ido, lo sabía…
No puedes alejarte, me amas demasiado.
Pareces mirarme, llorando,
Estás perdido, me buscas, ¿no me ves?
Ahora lo entiendo, no eres tú, soy yo.
Tenías razón, al final me he ido.
Existe la luz... me reclama... y yo te beso.

                                                    
Noche oscura, noche viva; injuria de un poeta

Llanto de poetas, escenario de hechiceras,
¿qué tiene la noche?
Suenan gritos no muy lejos, me levanto y te busco;
es absurdo, pues sé que no estás.
Melodía del inconsciente que me confunde y aleja.
Manifiesto de poder, apiádate de mi alma.
Me llamas, pero no te oigo.
Desgarras mi paciencia con maestría
(un modo que jamás descifré, sólo tú sabías hacerlo).
¿Qué tienes, noche?
Luz de mi sombra, despojos de mi ser.
Lágrimas pierden el verso,
las de siempre, las que no se dejan ver.
Qué eres noche sino preludio del día,
despido y saludo de luz; claro llanto que me asedia.
Te encierras en el Alba, como adorándola,
y destronas al atardecer con prisas.
Entonces, nacen inspiraciones, otras mueren sin aliento.
¡¿Cuántos secretos guardas?!
Dama negra, caballero solitario, siempre puntual,
irremediablemente entonada
me pierdo en tu conciencia...
¿Por qué me envuelves con tu oscuro manto
y luego me sueltas?,
¡¿qué quieres, noche?!
Me lanzas al abismo y me pierdo,
en algo que no logro entender.
Mas no puedo resistirme y caigo,
caigo en tus manos, perezco a tus pies (¡¿qué quieres noche?!).


Perdóname este amor inconcluso                                        

Encendí la llama de tu pasión para apagarla temprana,
lo siento.
Dibujé sueños con tus alas para luego cortarlas,
sí, me arrepiento.
Te hice volar a lo más alto y te dejé caer,
¿que cómo pude hacerlo?,
porque el impulso siempre vence a la razón.
Convertí el amor en tu credo para luego fallarte,
entenderás que cuando fue, fue cierto.

Ahora te recuerdo y te pienso en silencio,
dibujo tus manos junto a las mías y las estrecho
créeme, el llanto recorre en tu recuerdo.
Y no te pido que me perdones,
pues de nada sirve ya,
pero debes saber que mis caricias te reclaman,
y que cadencia todavía es
el recuerdo de todas y cada unas de tus palabras.

De esto he aprendido a no prometer el mañana,
a vivir el momento, sin engaños, sin lamentos…
Llegado a este punto, solo decirte:
que no te aferres a promesas biensonantes,
mas déjate amar,
y en cada acto despierta, así,
como lo haces ahora,
como se despierta en la última sílaba,
de la última estrofa.



Porque sé que te sigo amando                              


Sigo naufragando en el abismo de tus ojos,
Los mismos que un día parecieron atravesar mi alma.
Cuando no te tengo delante, cuando solo te pienso,
procuro volver a amarlos.
Pero cara a cara, palabra a palabra, me desquicias…
¿Dónde está ese amor que fue nuestro?
Esas mariposas que escamaban a sus anchas minutos antes de encontrarnos.
¿Dónde quedó el influjo de nuestros versos sin rima?
Mas la cadencia residía en cada letra aún sin articular.
¿Por qué los suspiros ya no son compañeros de sonrisas?
Por qué todos los intentos de hablarte con calma son en vano
si mi corazón parece amarte todavía.
Dónde se guarda la rabia, la desidia.
Dónde se entierra el hacha de guerra para perderla de vista.
Qué hacer con este sentimiento de amor que es tan grande cuando no te tengo delante.
Escucha, mi amor, porque mi amor eres, porque sé que te amo…
dicen que hablando se arreglan los problemas,
¿y si en lugar de hablar como grillos pasamos a desnudarnos?
A rozar nuestra piel como antes,
como en aquellos tiempos donde el tiempo parecía no existir,
y el rencor era cosa de relaciones pasadas, no presentes.
Escucha, mi amor, ¿y si dejamos las letras para poemas inconclusos y pasamos a la acción?
Sí, creo que eso haré.
Cuando te tenga delante, taparé tus cuerdas vocales,
y me lanzaré a tus brazos.
Sí, eso haré.
Y si resulta no ser suficiente, quizá solo quede una idea, la de "ni contigo ni sin ti".
Y puede, entonces, que tenga que matar este amor que nos une y nos aleja,
que nos atrapa y nos envuelve,
que nos calla y nos entrega al incómodo silencio.
Un silencio antes inimaginable.
¿Sabes, mi amor? Es una lástima, porque siento que te quiero…
Quizá sufro de capricho, de comodidad, puede que de impulso.
Quizá enfermé de ceguera hace un tiempo y luego me curé.
¡Qué importa! Mucho, importa mucho.
Lo suficiente para escribirte estas letras que me inspiran tu imagen.
Nuestros tiempos, tiempos vividos en infinitos lares,
demasiados para cesar la lucha.
¿Sabes, mi amor? Hoy cuando te vea me lanzaré a tus brazos para que me hagas el amor.
Aunque mucho me temo que no será así…
Que lo que será es que, abriré la puerta, te diré hola, me responderás.
Te miraré, me mirarás, me preguntarás cómo me ha ido el día,
te contestaré sin ganas.
Tú te sentarás, yo me sentaré. En el mismo sofá que antes…
Tú cambiarás de canal, yo encenderé el ordenador,
ese aparato que es lo único que parece importarme cuando cruzo la puerta, de nuestro hogar.
O quizá no, quizá, mi amor, cuando hoy llegue a casa, consiga echarme a tus brazos, 
y te haga el amor.


Rabia injuriada

 Tediosa Luna, insaciable canto de poetas.
Salvaje mar, siempre vanidoso por su grandeza.
¡Alto!... ¡el viento!, inoportuno viento,
vienes, vas, te das la vuelta…
¡Ni el Sol alegra mis mañanas con su fuerza!
Minutos que no cuentan, horas que no son.
¡Maldita miel!, ¡maldito todo!
lo siento…

Y hasta ese todo son despojos de tu ser.

VII: Cuando me eches de menos, recuerda que te estoy escribiendo

Estoy ocupado abriendo puertas, pintando muros, borrando cuentos.
En éste me prohibieron fumar y amar en público, callar en voz alta y mentir en silencio. 
¿Ves?, no me he ido, ni te he olvidado, ni enfermé de desconsuelo, 
sólo que ando un tanto en desacuerdo, mujer.
Pero no sufras, que entre tú y yo sólo existe una distancia:
la intimidad de tu lectura en la libertad de mis sueños impresos, 
sin medias tintas, ni omisiones por verdades, ni trozos perdidos en el tintero. 
Solos tú y yo, un mente a mente, un cuerpo a cuerpo, una batalla de intelectos.




XVII: No me importa tu distancia, porque en ella estás tú


Si tal día como hoy recuerdas cuánto te quise,
si todavía una zona de tus labios añora mis besos,
si existe un mañana y una parte de ti piensa en mí.
Si todavía te preguntas por qué lo que pasó, pasó...
y cuando me recuerdas entiendes que no fue nuestra la culpa,
que en ocasiones interceptan problemas de otros en la espalda.
Si limpias tu memoria y reparas en miedos que no eran tuyos,
y con esa idea puedes sentir todo ese amor que nos pertenecía...
Si tal día como hoy todavía ves mi imagen y un suspiro escapa a tus labios,
(¡esos labios son míos!)
si aún sientes que yo te amo y que quizá tú también me amas,
si es así, a pesar de que juraste que sería de otro modo,
entonces ábreme esa puerta que me cerraste cierto día,
sabes que nunca enfermé de rencor, y que estaba aliado con tu excitante locura...
Si tal día como hoy amaneciste y crees oír cómo te hablo,
ábreme esa puerta, que para mí sigue abierta como abierta es tu sonrisa,
sonrisa que no puedo más que adorar, recuerdos que son mi llanto y mi consuelo.


XXIII: Me robas a metros de distancia

Dice mi terapeuta 
que no me culpabilice
por sentir de todo al mismo tiempo,
que haga una criba de sentimientos,
y elija los necesarios.
Pues resulta que empecé a hacerlo,
y el resultado ha sido 
una grata sorpresa.
Bueno, quizá no diría grata,
quizá sólo diría "toda una", y lo que sigue: sorpresa.
Porque mira que,
hubiese jurado
quererte más que a nada.
El caso es que llevo unos días odiándote.
Te odio por todo, mi amor.
Te odio porque no estás conmigo,
te odio cuando te imagino pasear sola por tu casa,
eso es sacrilegio, mi dulce,
porque yo no piso el mismo suelo.
Te odio porque sé que tomas café con leche por las mañanas,
te odio porque no soy yo
quien añade el azúcar.
Te odio cuando sales del trabajo
y regresas sola a casa,
tu mano añora la mía, ¿no te das cuenta?;
te odio por permitirle que pase frío
en estas noches congeladas de recuerdos.
(“no me gustan los guantes” –me decías).
Te odio porque ahora sólo te peinas,
antes, te acariciaba la melena.
Te odio porque sé que, 
a pesar de todo, sigues sola, 
senda soledad la mía.
Te odio porque tengo frío,
porque el corazón se me para cuando te pienso,
lo cual me preocupa.
Te odio porque, pese a odiarte más que nunca,
desde que hago mis deberes,
el odio sólo me recuerda que te amo,
me recuerda que 
te echo de menos, nunca de más
(y duele).
¿Por qué me dejaste amarte tan poco?,
tus miedos, siempre tus miedos;
putos miedos, ¿no crees?
¿Y esto no te da miedo?
¿No te da miedo que, 
una deslenguada
se cruce en mi camino
y te robe lo que es tuyo?
El problema no es odiarte, amor mío,
el problema es que no te odio a ti
(a ti sólo puedo adorarte);
lo que odio es tu distancia y mi soledad,
lo que odio es no echarte yo el azúcar en el café,
lo que odio es no coger tu mano de regreso a casa,
lo que odio es no despeinarte la melena,
lo que odio es que tengas frío,
lo que odio es que,
ninguna deslenguada,
por guapa, por inteligente, 
por buena moza que sea,
es capaz de que mi piel prefiera la suya,
(por lo mismo, ni lo intento).
Voy a dejar a mi terapeuta,
con una ladrona me basta,
aunque a esa ladrona la venere 
como se venera lo imprescindible.
Entiéndase imprescindible 
como el más grande de los deseos.
Tú eres mi deseo, vida mía,
sin embargo, tienes frío;
yo ya estoy congelado.



VIII: Pamplinas con pamplineros


Sé lo que te cuentan para luego descontarte: 
"Soy el último romántico", 
"No soy como los demás", 
"¿Infiel?, ¡yo nunca te sería infiel!".
(Espera, perdón, que aquí me detengo para reírme… Sigamos).
Que las mentiras no van con ellos, que ellos prefieren verdades aunque duelan.
Blablablá, blablablá, blablablá.
Si me esfuerzo, hasta la rima se pone de mi parte. 
Románticos a jornada completa, 
conocedores de un elixir que los convierte en inmutables, 
ajenos al movimiento, a los cambios de parecer, de perecer, de padecer; 
¿Romántico si me comparo?,
no es mi intención ofender a la lógica del aplastamiento, a la capacidad del intelecto.
A ver, mujer, que si siempre te seré fiel, que si siempre te amaré…, claro, por supuesto,
del mismo modo que rechazo la inmortalidad y anhelo la paz en el mundo entero.
Seamos claros, ¿qué deseas, pues?, 
¿un galán de cunas que reviva y seque ingentes lagrimales en modo "refraneros populares"? 
¿un juglar, tal vez, que recite sonetos hasta atrincherarte en el auto-ahogamiento? 
La mía es una opción sin malgastar, quizá porque nadie tiene la patente,
y es la de "ni bueno ni gamberro, ni calzonazos ni mujeriego".
Ni fiel, ni infiel, más bien caduco, 
que improvisa según se sondean acontecimientos. 
Imperfecto en cuanto al todo se refiere, sincero a groso modo, 
mentiroso cuando toca diplomarse;
o cuando mi cabeza ahuyenta balbuceos. 
Libre de la necesidad de agradar, artificiero de lo pernicioso.
Ni mentiroso ni sincero, reservado en el pasado, 
del futuro todavía no guardo recuerdos, 
y en el presente sigo batallando, en este cuerpo que no desmiente.
Si llegase el día en que me mirases la mirada para saber qué siento, 
prometo estudiar mis sentimientos. 
Y mira que ni con ésas te aseguro estar en lo cierto.
Así que, aquí me tienes, apuestamente imperfecto, 
amante de la contrariedad, fugazmente vanidoso, 
enemigo de "a mi imagen y semejanza". 
Con mis quejas y contradicciones, quitando telarañas, 
con fuego en la mirada, que quizá sea, junto con mi pueril honestidad, 
lo mucho y poco que poseo del acierto.
Esta es la versión completa, la de modestias a partes, la de tú a tú.
Pero si gustas, te vendo la de "mis ojos son tus ojos, tu boca, el reclamo de mi piel". 
La de "qué es de mi vida sin tu vida", 
la de rimas bien chocantes. 
La de amores sin frenos, la de bálsamos que operan corazones, 
así, a la desesperada, colapsando las listas de espera.
Baste como muestra mi intento de ser sincero, 
el entregarte un amor que cure la pesadez de estómago, 
sin necesidad de Ibuprofeno, ni ungüentos milagrosos, sólo siendo.
Lo de proclamarme romántico casi me suena a redundancia, 
a metáfora sintáctica, a recurso lingüístico, a pareado sin pareo.
Entiendo, entiendo tu desconcierto, gracias por llegar hasta aquí, ha sido un placer. 
Pero no negarás que, lo que ha durado, ha sido intenso. 
Me despido con un: quizá en otra vida, o con: puede que no sea este nuestro momento.
O: acabamos de conocernos, mejor si nos damos un tiempo.




XXII: Discusión de enamorados (por falta de medicación)


Confróntame cuando sea mentira.
Linda obsesión la tuya, 
y yo reclutando verdades.
Criticas por vicio, pero mejor me callo.
Ten en cuenta que, si esto sale rana,
tendré que desquitarme con otra,
tu cólera será con razón, pues.
Mujer, el hambre se sacia comiendo,
y ni tú eres Capuleto ni yo Montesco,
déjate de dramas sin cartelera,
que aquí no ha pasado nada.
(por no pasar, no pasa ni el tiempo en ésta absurda discusión que me agota...).
“Un arquetipo de cabrón es lo que eres”, 

me sueltas, así, de repente, sin venir a cuento.
Para Santa, mi paciencia.
“Y yo sin ponerte los cuernos…”, pienso.
“Mejor revísate ese ojo clínico
del que tanta gloria emanas,
que el orgullo empieza a capearte,
y no al revés”, te suelto yo, por soltarte algo
(porque entender, no entiendo ni media).
Me voy a construir un monumento,
si es que no me construye él a mí.
Con esa mente brillante que dices tener,
(me rindo ante tu capacidad resolutiva)
y enganchada al jaque mate sin fricción.
Desperdicio entonces.
Mis sentimientos son reales,
igual que mis palabras,
aunque de nada sirva decirlo.
Disculpe usted a este intento de romántico,
señorita, "perfección" donde las haya.
¿Y si te dejas de análisis rocambolescos y me sientes?,
que no soy tu paciente, vida mía,
(bendita cátedra de psicología la tuya).
A estas alturas,
tus reproches mes lo pongo por bufanda,
después de seis años apelando,
y un doctorado en leyes ciudadanas,
creo tener algún derecho, ¿no?
Y de arañarme ni lo sueñes,
hasta ahí podríamos llegar,
de princesa a gata en celo.
Todavía tengo el disfraz del buen amante,
el que me obligas a quitarme a diario.
Porque,
si te digo que te quiero, miento,
si no te lo digo, adiós carné de príncipe azul
(aquel que me asignaste cuando aún tenías sentido del humor).
Si juro que tu amiga no me gusta,
también miento,
por lo visto, se me cierra y abre la comisura de los labios
de no sé qué modo,
pero un modo que según tú no hace más que delatarme.
Si no me arreglo, no me preocupa gustarte,
si me arreglo, me gusta otra.
En serio, ¿no te cansas?
Obra maestra la de Dios
(ni Bach ni ostras en vinagre),
que ni el mejor de los físicos,
por más especialidad que tenga,
descifra tus neuronas sin morir en el intento.
Mira, mujer, como ya no sé qué más decirte,
mejor lo dejamos por hoy,
si eso seguimos mañana,
¿te parece?
"Ves, mientes, por eso evitas la conversación. Te odio."
"¿¡Conversación...!?", me pregunto.
"Yo a esto más bien lo llamaría
desacreditación gratuita.
Un sinsentido que sólo entiendes tú.
Definitivamente, te equivocaste de estudios, mi reina.
Lo tuyo hubiesen sido las causas sin justicia,
y lo mío, puede,
los diagnósticos sin receta.
Curioso, ¿nos cambiamos las carreras?", te replico.
"Vete a la mierda", rebates.
"Ah, ¿que hay más mierda todavía?". 




XXVII: Estoy perdidamente enamorado de ti, ¿de acuerdo?

Con esta intermitencia
con que nos amamos,
nuestra relación devendrá de todo menos estable;
pero no me importa, por el momento,
mientras devenga.
Tú bien sabes que,
lo que me pierde de ti, es,
precisa y justamente,
tu tendencia al desequilibrio.
Qué vamos a hacerle,
supongo que te has enamorado de un loco
a la altura de tu trastorno;
ya sabes, Dios los crea y ellos se juntan.
Si desprecias a un pirado como amante,
empieza por sanarte primero,
mi amor.
No es por alusión que digo esto,
sino para que entiendas
por qué he llegado a gustarte pese a turbarte
(como imagino que te habrán gustado otros pirados antes y luego te preguntas el porqué; hete aquí mi aporte).
Entre mis manías,
la de fraguar planes a todas horas.
Aunque en ocasiones sean tan sencillos como inventivos.
Para contigo es:
hacerte un crucigrama en la piel;
envolver tus rabias con celo;
saciar tu sed de conocimiento
con historias que padezcan obesidad
(no quiero que pases hambre a mi lado, reina mía);
Procuraré, cuando duermas conmigo,
que amanezcas antes de sonar la alarma,
pienso empacharte a besos y con discursos matutinos,
algo así como:
¿es posible amanecer con tan sólo cuatro horas de descanso
y no perder ni un grado de belleza?
y tú tendrás que contestarme,
porque me encanta (¡me encanta!) escucharte.
Me encanta escucharte mientras te quejas,
dudas, chillas, entras en cólera...
Devoraría hasta el último de tus epitafios sin sentido.
Los adoro todos, incluyendo el de
"al cabrón dale ración doble, por favor";
¿se puede ser más linda?, ¡ay!, diría que no.
Yo lo que te daría es un mordisco que te arañe el alma,
musa entre las musas.
Hilaré tus sueños con los míos, si gustas,
para mí no hay mejor escenario que
amanecer a tu lado,
y cansarme en el mismo lugar mientras te abrazo.
Me gustas entera,
no cambiaría ni un solo punto,
menos una coma,

no hablemos de lunares.
Coger aire contigo es necesario
(casi cuestión de subsistencia).
Tremenda retórica la tuya.
Ay, mi ángel, todavía no puedo creer
que sea yo quien te quita las vergüenzas,
y a quien mandas a la mierda
cuando te da una neura de esas tuyas.
¡Te amo tanto, mi reina!
De principio a fin,
de fin a principio, y vuelta a empezar.
(¿¡Tan bueno he sido este año para semejante regalo!?).
Gracias, bella mía, por convertirme en el loco
más feliz y cuerdo de toda existencia,
¿de acuerdo?
Te amo, te amo ahora, ayer,
te amo siempre, delicia mía.
Ay, por Dios, ¿te he dicho ya que te amo?
Contigo todo es exquisitez, preciosa entre las preciosas,
una exquisitez que me abruma,
no exenta de una alta carga erótica;
si te miras al espejo mientras sonríes,
y te escuchas gritando porque de pronto algo te fastidia,
entenderás esto último.
Siempre me han tildado de loco,
un tanto obsesivo, también, también...
No, recién atisbo cierto grado de enfermedad,
y, curiosamente, creo estar más sano que nunca.
Te adoro, mi reina, te adoro. ¡Te adoro!
No te puedo adorar más,
¿de acuerdo?
¿Quieres divorciarte conmigo, princesa?

PD: Tu loco, quien rara vez se siente cuerdo sin su loca.