martes, 8 de septiembre de 2015

¡Qué felicidad la mía!





  –En contestación a su nueva aunque previsible demanda le dije: "Quizá el amor lo pueda todo, pero la enfermedad mental es una férrea contrincante. Y terminé con un: "Miedo me das...".
  
  Mi pequeña traviesa, ese gusto que tienes de andarte tanto por la ramas, de anudar nudos que sufren de ansiedad, de enredarte en amoríos con un profiláctico matacorazones...; de jugártela después a una carta porque, claro, tanto mareo te lleva más tarde o más temprano a caer en el impulso de algo que afirmas repudiar. 
  
  –¿Que las impulsivas no dudan? Yo diría que lo hacen más, fíjese. Y así se lo hice saber.
  
  Ese vicio, traviesa mía, te pertenece enteramente a ti, nada tiene que ver conmigo. Así que tus ataques póstumos de nervios no me apetecen, no ya, menos ese adagio último: "perdóname, por favor, todavía te quiero". Aun estando seguro de cuanto te digo, y juzgándome preparado para rechazarte, creo no merecer más confusiones por tu parte. ¡Ay mi eterna y dulce, y pequeña y traviesa mía! Yo sí que te quiero y te amo todavía, de eso estoy perdidamente seguro; y no es que esté perdidamente seguro de que te amo y te quiero todavía, simplemente te quiero y te amo, sin el todavía; no puede ser de otro modo, puesto que nunca he dejado de hacerlo. Pero vives tan confundida... que con quererte no basta. 

  Tú bien sabes que si por mí fuera te pondría un monumento al delirio consumado y otro a la pasión, el problema aquí es que no durarían mucho, pues los derribas en un santiamén; y, cómo entenderás, no voy a pegarme semejante paliza de trabajo para que luego me vengas llorando, histérica, y más e indudablemente confundida si cabe, y me mandes, junto con el monumento, a freír espárragos trigueros, como has hecho otras tantas veces, esos que tanto te gustan, aliñados con salsa de almendras. Te quiero casi tanto como me quiero a mí, pequeña y traviesa mía, pero estás muy mal de la cabeza, mucho, punto importante a tener en cuenta, primordial, diría yo, pese a hallarse dentro del primor que me pierde; y mientras antes lo aceptemos mejor. 

  
  –Hasta aquí, no dudé. Piense que si seguíamos así, habríamos pasado de ser una loca a dos locos, y entonces ya no hubiera habido sensatez que nos frenara. "¿Acaso es ése tu cometido?", me dijo. "Miedo me das...", dije yo. Y miedo me dio.

viernes, 17 de abril de 2015

Dedicado a todos los sordos


A los siete años de edad:
Niño: Papá, yo quiero ser pintor.
Padre: ¿Pintor?... ¡¡A estudiar he dicho!!
A los veinte:
Niño: Finalmente, me matriculo en Bellas Artes. He decidido que quiero ser pintor.
Amigos: ¿De brocha gorda? ja,ja,ja. Pintor dice, ja,ja,ja.
A los treinta:
Niño: ¡Nadie se interesa por mi trabajo! ¿Crees que soy buen pintor?
Novia (ex novia tiempo después): Hum… bueno… yo... ¡¿Comemos algo?!
A los cuarenta:
Niño: Mañana es la exposición. ¿Y si no gusta?
Conocidos: kakakifghtb... (A estas alturas, el niño ha aprendido a oír sin escuchar).
A los setenta:
Niño: Quiero dedicar este premio a la persona más importante de mi vida, alguien que siempre creyó en mí, a quien amo de un modo infinito. 

«Siempre has sido tan sordo como yo, esposo mío», piensa ella, visiblemente emocionada.

Cuento infantil: El caballero y la princesa (porque el amor obra milagros)


Cuenta la leyenda que un joven caballero tuvo que partir con el fin de servir al rey del condado. Eran tiempos de guerra, motivo por el cual se conocía la fecha de partida mas no de regreso. La princesa del reino, única hija del monarca, se hallaba secretamente enamorada del joven caballero, pues su padre atesoraba el firme propósito de desposarla con un apuesto príncipe de un condado cercano.
   La noche antes de la partida, caballero y princesa viéronse a escondidas para despedirse.
   -Si no regreso, amada mía, si esas inhóspitas tierras a las que me dirijo me separan de vos para siempre, júreme que será usted dueña y señora del condado, felizmente desposada con un hombre de  bien que se preocupe en hacerla dichosa.

jueves, 12 de marzo de 2015

Ya disponible la 2ª edición de _Sabrás perdonarme_. Marzo de 2015.




Algunas opiniones en Amazon:

"Libro muy bien estructurado desde el principio lo que hace seguir y seguir leyendo los personajes bien trabajados y la historia muy buena que te hace seguir hasta terminar el libro con ganas de más, una sorpresa para mi me ha gustado mucho, lo recomiendo totalmente". 

"Es una novela en la que se mezclan magistralmente sentimientos y situaciones vitales en una trama donde los personajes son llevados al límite de sus posibilidades. Todo ello consigue hacer que el lector se enganche a la historia y desee conocer progresivamente las decisiones por las que se decanta cada uno.
Yo destacaría el gran desarrollo de todos los personajes principales y cómo las circunstancias que les toca vivir se van entremezclando unas con otras hasta llegar al imprevisible desenlace final.
Además, me ha gustado especialmente que el argumento trascurra entre Barcelona y Roma, dos ciudades que me encantan y que admiro por su belleza y su historia.
Muy recomendable para todos aquellos lectores que disfruten con personajes completos y maduros".


Sinopsis en Amazon:

Medianoche de un miércoles, dos semanas para la Navidad, Ana recibe una llamada de su jefe, el señor Pere i Calabuig, para comunicarle que cuenta con quince días de vacaciones. Después de colgar el teléfono, se dirige al despacho y se acomoda frente al ordenador que, al parecer, Oliver ha olvidado encendido. No sin cierto asombro, pues él dice aborrecer ese programa de sucesos paranormales, le da al «volver a reproducir» de la pantalla. En esta ocasión el presentador habla de un bosque, de un lugar poblado de leyendas…, de un parque: El Parque de los Monstruos, en Bomarzo. Acaba el programa y, embriagada por la incipiente idea de visitar el lugar, busca vuelos a Roma.
Ya en tierras italianas, desde que reciba un impensable email con remitente desconocido y un mensaje de su chico donde le confiesa que está con otra, se verá inmersa en un juego peligroso del que quizá también él forma parte. Lo que iban a ser días de descanso se tornan un escenario lleno de redes ocultas y nombres en el cual deberá estar atenta a cada una de las señales que irrumpan su camino; pues todo converge en una única y despiadada pista: su vida corre peligro.
La presencia de dos hombres cuando todo no haya hecho más que empezar será el ingrediente clave para que Ana, sola en la ciudad, crea enloquecer. Fausto, un caballero misterioso que afirma saber mucho de ella, le revelará un gran secreto. ¿Puede alguien leer mentes ajenas o ver el futuro en sueños? Por su lado, los servicios de inteligencia italiana trabajan en un caso que les acercará a ella. 

La partida ha empezado, pasado y futuro se encuentran para hallar la respuesta. Una historia de vidas paralelas donde nada es lo que parece. 

Detalles del libro:


  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 741 KB
  • Longitud de impresión: 409
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00KHB7EMO

Para adquirirla

jueves, 18 de septiembre de 2014

Cuento: Mamá y los sueños

Mamá y los sueños

Había una vez una niña a la que cierta noche su madre dijo: "Pase lo que pase, cariño mío, te digan lo que te digan, veas lo que veas, sea tarde o sea temprano: nunca dejes de creer en tus sueños". 
  Y llegó un día en que, tras haber amado y deseado de corazón, logró hacer realidad no todos pero sí sus más preciados sueños. Siendo su mamá ya muy mayor ésta preguntó a su hija: "Entonces, ¿creíste en tus sueños, vida mía? ¿Eres feliz? A lo que la hija respondió: "Así es, mamá hermosa. Tus palabras las llevé siempre conmigo, atesoradas con recelo, y ha sido gracias a ellas que sé disfrutar tanto de la cima como del camino".

FIN

domingo, 14 de septiembre de 2014

Maldita dulzura (la tuya)

"No se trata de que hoy te quiera menos, solo me canso de esperar. Sentado frente a la pantalla, leyendo tu nombre, observando tu cara (pixelada)... Lo mismo de siempre, solo que últimamente te siento menos. Y es precisamente eso lo que me desalienta y convierte en borroso el sueño que mantengo en secreto, a tu lado, aunque lejos —demasiado—. No soy yo, siquiera la distancia: es tu silencio el que me obliga. Los sueños, sueños son, pero aun existiendo, quizá, y de única forma en nuestra cabeza, necesitan alimentarse de lo externo. En este caso tú eres lo externo (también). Y de ti no recibo nada. ¿Entiendes ahora?".

En nuestro perfil de Twitter os preguntamos: "¿Qué tienen en común la literatura y la música?". Cuando una obra te hace sentir, eso es arte. 
Os dejamos un vídeo para esta lluviosa tarde de domingo. 
"Lo que quieras pero hablemos...". Aquí: vm 

lunes, 1 de septiembre de 2014

_El bolígrafo de gel verde_, de Eloy Moreno


Cautivadora, intensa, desde el minuto uno. Profunda, sincera. Eloy nos sumerge en las pasiones de un joven informático que ocupa asiento día tras día en el mismo cubículo de la misma oficina. Pero su suerte estará a pocos días de cambiar cuando, llevado por un impulso repentino y harto de que desaparezcan sus bolígrafos de gel –sus preferidos–, decida bajar en la hora del descanso a comprar uno: esta vez de color verde. Amor, desamor, rutina, hablarse sin hablar, el tedio de que todo se suceda siempre igual. Aun así, existe una posibilidad, una idea para que su vida cambie –por completo–. 

De venta en Casa del libroAmazon, en la propia web del autor.

Sinopsis extraída de Amazon:

Restaurante: 50 m2 Cafetería: 30 m2 Casa de los padres de Rebe: 90 m2 Casa de mis padres: 95 m2 Total: 445 m2   ¿Puede alguien vivir en 445 m2 durante el resto de su vida? Seguramente sí, seguramente usted conoce a mucha gente así. Personas que se desplazan por una celda sin estar presas; que se levantan cada día sabiendo que todo va a ser igual que ayer, igual que mañana; personas que a pesar de estar vivas se sienten muertas. Ésta es la historia de un hombre que fue capaz de hacer realidad lo que cada noche imaginaba bajo las sábanas: empezarlo todo de nuevo. Lo hizo, pero pagó un precio demasiado alto. Pero si de verdad usted quiere saber cuál es el argumento de esta novela, mire su muñeca izquierda; ahí está todo. Esta novela no ha sido galardonada con ningún conocido premio literario; ni siquiera con uno desconocido.

Detalles del producto:

  • Tapa blanda: 320 páginas
  • Editor: Espasa-Calpe; Edición: 1 (11 de enero de 2011)
  • Colección: ESPASA NARRATIVA
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8467035919
  • ISBN-13: 978-8467035919

viernes, 1 de agosto de 2014

_La última jugada_, de Fernando Trujillo Sanz


La última jugada, una novela corta de suspense, cuenta con una trama que te atrapa desde la primera página, y con unos personajes y diálogos que son, a nuestro parecer, la guinda del pastel. Obra de Fernando Trujillo, prolífico autor, que arrasa en los más vendidos de Amazon. Una buena y rápida lectura que además hoy puedes descargar gratis en el gigante de las plataformas digitales.

Sinopsis en Amazon:

Cuatro jugadores han sido convocados a una partida de póquer nada habitual. Cuatro completos desconocidos se enfrentarán y jugarán sus bazas para ganar lo único que les une y que no pueden compartir. 

Ellos han aceptado participar para tener una oportunidad, tan decisiva como peligrosa, en la que lo único importante es vencer. 

Son tres hombres y una mujer muy diferentes, cada uno con su propia estrategia, vigilados por una anfitriona que es mucho más de lo que parece. 

Que empiece el juego. 

Detalles del libro:


  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 314 KB
  • Longitud de impresión: 116
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Editor: Tedd y Todd Escritores Asociados. (18 de julio de 2010)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B003WEA0EM



jueves, 31 de julio de 2014

_El misterio de la escuela submarina_, de Jesús de Andrés Gómez


Si a las pocas páginas de iniciar la lectura de una novela uno de los protagonistas le dice a sus dos hijos que va a confesarles un secreto que cambiará por completo su vidas, ¿te apetecería descubrir qué secreto es ese? Y si unas páginas más adelante su autor te sumerge en unas de las mayores aventuras que nunca hayan vivido ambos jóvenes, ¿querrías saber qué les depara su incipiente destino? Si has contestado afirmativamente a ambas preguntas, entonces te invitamos a leer El misterio de la escuela submarina, una novela repleta de fantasía que, quién sabe, quizá no lo sea tanto. Una lectura fresca, ideal para este verano, con una prosa ágil y cuidada que la convierte en un libro recomendable.

Sinopsis en Amazon: 


Amanda y Nicolás Martín son dos mellizos que pasan sus vacaciones de verano en la isla de Gran Canaria. Un día sus padres les llevan a un extraño lugar en submarino para hacer unas misteriosas pruebas. Después les confiesan la causa que les hace diferentes a los demás y que poseen unas capacidades físicas, mentales y sensoriales muy superiores a las normales. Para desarrollarlas, deberán empezar el nuevo curso en una insólita y espectacular escuela, muy avanzada para su tiempo y situada bajo el mar. 

A su llegada se ven inmersos en un mundo que funciona de manera muy distinta al que conocían hasta entonces. El centro escolar cuenta con una tecnología y unas asignaturas que no se parecen en nada a las que ellos están acostumbrados. En él tienen que aprender a vivir junto a otros chicos que poseen las mismas cualidades que ellos y se dan cuenta de que pueden aprender a hacer cosas que nadie podría ni imaginarse. Sin embargo, suceden acontecimientos extraños que les pondrán a prueba antes de tiempo si quieren resolver los misterios que se les avecinan, porque en la escuela no es oro todo lo que reluce. Menos mal que cuentan con algunos amigos y aliados dispuestos a ayudarles, pero serán ellos los que tengan que asumir los mayores riesgos e incluso jugarse la vida.


Detalles del producto:



  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 818 KB
  • Longitud de impresión: 222
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00LT9T84A





martes, 29 de julio de 2014

_El día que se perdió la cordura_, de Javier Castillo


El día que se perdió la cordura es una novela que atrapa desde la primera página. Suspense, amor y destino son algunos de los ingredientes que sumergen al lector en las peripecias de sus personajes. Provista de una narración amena y de una frescura admirables. Tres historias que se entremezclan para unificarse en un final sorprendente. Desde el Taller queremos dar nuestra sincera enhorabuena a su autor.

Sinopsis en Amazon:
"En el centro de Boston, a las 12 de la mañana de un 24 de diciembre, un hombre camina desnudo con la cabeza decapitada de una joven. El Dr. Jenkins, director del centro psiquiátrico de la ciudad, y Stella Hyden, agente de perfiles del FBI, se adentrarán en una investigación que pondrá en juego sus vidas, su concepción de la cordura, y que viajará atrás 17 años hasta unos eventos fortuitos ocurridos en el misterioso pueblo de Salt Lake". 
Detalles de la novela:
  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 2668 KB
  • Longitud de impresión: 321
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00LLQQYUW
  • Para adquirirla

jueves, 26 de junio de 2014

A esa hora


Quedemos a esa hora en que la vergüenza ya no existe, 
y las penas se cansaron de dar pena, 
Donde el ayer se disfraza de mañana. 
Quedemos a esa hora en que ni tú pretendes ser otra, 
ni yo me esfuerzo en entenderme. 
Quedemos donde no importa la hora,
donde la ropa da calor.
A esa en que el miedo se rompe con tres copas,
y los minutos desisten cuando llega la hora.
Quedemos a esa hora.
A esa en que ya no hay tiempo para pensarlo demasiado.
Quedemos cuando las dudas parecen tenerlo claro,
y el engaño pierde el tiempo en medio de un atasco.
En la que soñaste que sucedía y yo te daba la razón.
Quedemos donde finges llegar tarde,
donde la excusa ya no importa.
A esa en que sólo quedarías a esa hora.
Sé que existen muchas, pero, si gustas, quedamos a esa hora.

domingo, 23 de febrero de 2014

XXXI: La foto es de esta mañana


Entre mis impertinencias 

cantar a las cuatro de la madrugada 
aquella canción que me dedicabas. 
Sacar la basura en bragas, 
y caminar descalza y desnuda 
hasta llegar al arrecife de algas 
-donde me besabas, enfrente de casa-.
Sé que estas curiosas costumbres
molestan a los vecinos,
pero sabes qué pienso: que les jodan,
más molesta tu ausencia 
y ninguno ha picado a la puerta para saber cómo estoy.
Tanto cariño que decían tenernos...
¡Y un cuerno! qué les den uno a uno
-y si es por turnos, mejor-.
Por lo mismo, 
pienso seguir con mis santas manías.
De hecho, 
estoy a un paso de ritualizarlas, 
sólo falta ultimar fecha para el bautizo 
y buscarles nombre y apellidos
-me recuerdan que sigo viva, ¿sabes?-.
Será una ceremonia simbólica pues,
según palabras de don José,
"no puedes acristianar a
semejante masa incorpórea, hija mía, 
que no existe más allá de tu ilusión"
Con ello, me recomienda reposo y mucha oración,
sobre todo de lo último.
La verdad, no sé quien está más pirado de los dos,
aunque me trae sin cuidado.
Estoy perdiendo la cabeza, lo sé,
pero quédate tranquilo que no es por ti, es por mí,
dudo haberla tenido nunca 
donde se supone que debe estar,
que, sinceramente,
no sé cuál mierda de lugar es ése.
Bien, me despido ya, te amo
-nunca he dejado de hacerlo
y siempre me ha faltado orgullo para callarlo-.
El reloj marca las 8,
hora de tirar la basura.

jueves, 13 de febrero de 2014

XXX: Y el caso es que nunca había amado tanto



Te amo como se ama en el teatro, 

a sabiendas que no va a suceder. 

En mi imaginación vuelas libre, 

acompasada entre caprichos con cien ojos abiertos. 
Mi mente a tu lado, 
es ese estado al que tildan de ensoñación 
(aunque, es tanto lo que yo te amo,
que prefiero hablar de devoción).
Te amo vestido en color vino, 
con ojos inyectados en sangre, 
perdidos en tu oscura melena, 
oscura como ciertos momentos, 
vagabundos de historias perdidas e incompletas
que se forjan en la penumbra. 
Y así es como debe ser, muñeca,
pues de otro modo, 
-el cual tan siquiera imagino-, 
perderían la poca verdad que les queda
(y yo ya ando suficiente en desacuerdo).
Te amo sin más, 
y ahora que te amo tanto, 
soy consciente, más que nunca, 
de que tu amistad es la más pura de mis victorias, 
por lo mismo ni debe ni quiero que termine. 
Contigo sueño bailando separados, 
bebiendo sin prisas en un banco, 
mientras te hablo y dibujas arcos en tus labios.
Ahora que te amo tanto, 
distingo esta falta de interés por tocarte con las manos; 
mas quiero acariciar tu piel con mi mirada, 
a cambio una sonrisa
(y si es con carcajadas, mejor). 
Te amo así, de una forma tan modesta como pretenciosa,
la cual deseo que no termine nunca. 
Te amo entre sorbos de rioja, 
y diámetros de estrellas extasiadas por la luna. 
Como te amo tanto, 
te elijo entre todas las elecciones
para averiguar juntos cómo cae la noche.
-No me interesa dormir, 
prefiero deleitarme mientras te observo-.
Luego, si me lo permites, 
es tanta la gracia que desprende tu persona en mi intuición,
que mataría por cincelar versos en tu cuerpo.
Por lo mismo te escribo ahora, 
pues sólo quería dejar claro que: así es como yo te amo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Inspirada (y dedicada) en V. R. Brannigan: ¿Sin estrategia? No, gracias


"Acudir a una cita contigo sin estrategia, es como participar en una misa y que se hayan terminado las hostias sagradas; todo en minúsculas menos la primera letra."



Te quiero, pero sólo un poco, y por supuesto, 
que viene a ser sinónimo de 'por descontado',
te odio con la misma fuerza con la que te quiero.
A veces te mataría a besos, otras, 
te daría un leve empujón, muy leve,
para tirarte por las escaleras.
Imagino que esto último no te ha gustado demasiado, 
déjame que me explique que quizá lo arregle,
(aunque también podrías dejarme un poquito en paz de vez en cuando, entrados en materia como estamos; me refiero a tu costumbre de monopolizar todas las horas que me restan libres para pensar en algo, que suelen ser 24 diarias compartidas con otros pensares de menor importancia; subestimarte es lo menos que quiero, cómo hacerlo si te amo de este modo que me oprime la arteria circunfleja coronaria),
te empujaría por las escaleras para verte caer, junto a callarte,
e iría a recogerte con una maceta, 
por si he de rematar la faena, ya me entiendes.
Obvio que retiro lo último, lo penúltimo, y unas cinco o seis frases más atrás, 
que ya estoy imaginando tu cara, y qué quieres que te diga, 
estás muy susceptible últimamente, ¿no entiendes mis bromas?
(últimamente yo no entiendo nada, cosa que me hace creer que estoy en lo cierto).
Y bien, como no podía ser menos,
cuando te imagino, me dan ganas de estrujarte la cara,
pues eso,
no hagas que me repita, que mira que te gusta que me repita,
y la verdad, complejo de ajo, lo que se dice ajo, no he tenido nunca.
Que te quiero, pero sólo un poco,
y un poco, en mi idioma, significa pensarte a todas horas,
e imaginarme que te hago el amor hasta destrozarte,
sin rodeos;
lo sé, soy algo así como una bestia,
pero una bestia que se muere por tus huesos, al fin y al cabo,
empezando por el cráneo, y terminando en el metatarsiano primero del pie derecho (que es con el que me gusta amanecer a mí, aunque parezca lo contrario...).
Así que imagínate si te quiero un poco,
que mi delirio a tu lado es transparente.
A lo presto, que no quiero redundar-me.
Que contigo hacía lo que está escrito y lo que no,
que para escribirte ya estoy yo, sobre lo indecible también.
Qué suerte la tuya de haberme conocido
(aunque la mía, ni te cuento).
Tampoco cambio la manera que tienes de insultarme,
tampoco, la adoro enterita,
porque significa, a mi modo de verlo, que consigo perturbarte, 
y dime: ¿qué mejor respuesta a mis preguntas que ésa?



PD: Entre mis pasiones, peinarte el alma mientras te desnudo el cabello. 

sábado, 1 de febrero de 2014

XXVII: Si es que no valoras nada (o yo me cierro a lo evidente)




Te bajo la luna

y me la tiras a la cara.

A ver, vida mía,

puedo entender

tus neuras,

que comas palomitas

untadas en mermelada,

que de repente

me bañes a besos,

y que sin sucederse, 

nada relevante,
en una fracción 
de tiempo,
me escudriñes
inyectada en cólera, 
en un tono que 
roza lo desafiante
(así, sin más, de un momento a otro).
Pero, mujer,
que te baje la luna
y me la tires a la cara.
Pues no sé,
me invita a pensar
que nada sacia 
tu curiosidad,
que por más que me esfuerce
el roto de tu alma
escapa a mis detalles 
como el agua al colador.
A ver, mi amor, 
qué quieres qué te diga,
puedo alistarme 
en tus cambios de humor,
sondear tus manías
y diferenciar 
afectos subliminales
(aun cuando otro, a lo poco, vería esquivez);
incluso, 
puedo dejar
que me eches de la cama
cuando, 
según tú,
robo parte de tu almohada.
Pero, cariño, 
que te baje la luna

y me la tires a la cara…

martes, 21 de enero de 2014

XXIV: Entiende que mis caricias sólo existen en tu piel



Mi cielo durmiente, 
desde hace veinte días 
tienes por costumbre 
ir al parque por las tardes, 
sobre todo las de viento.
Que tienes que aclarar ideas,
que alguien parece cortarte las alas.
No entiendo una palabra de lo que dices,
sin embargo, se te ve muy segura.
Lo respeto.
Yo insisto en acompañarte,
tú en rechazar la oferta.
Al final voy a pensar que
hablas de mí cuando mencionas al que corta,
y a tu espacio cuando aludes a las alas.
Dime, mi vida, ¿tan libre es tu alma?

Mi compromiso es férreo, en cambio,
empiezo a creer que lo tuyo
se llama capricho en vez de amor;
¿quizá confusión?
Ojalá, mi eterno cielo, ojalá sólo sea eso,
una sana e inteligible confusión;
porque si eso fuera con un par de capas de pintura...
Si quieres la cambio de color,
le quito las humedades,
y tapo roturas pasadas con masilla.
Lo que miedo me da
(y miedo se queda corto porque me paraliza hasta la lengua cuando reparo en ello),
es que ya no me quieras
¿no es eso verdad?
dime que no es verdad, mi cielo.

Si de lo segundo se tratase,
prometo comprar una carta
con toda gama de colores.
Mira que si me pides que te baje la Luna te la bajo,
que aunque suene pedante,
o demasiado romántico,
juro por lo que más quiero
(y ahora mismo no se me ocurre otra persona que tú ocupando ese lugar)
que si es menester
me avengo con un ingeniero
empezamos a trazar planos
y averiguamos cómo hacerlo.
Torres más altas han caído y otras tantas se han repuesto.
Por ahora, mi vida,
tú sigue yendo al parque,
que yo voy preparando la carta
y le escribo al ingeniero.

viernes, 17 de enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

Novelas de Miguel Ángel Guerreo Ramos; para mí, todo un descubrimiento

         

"Sin ser el romántico un género que se halle dentro de mis preferencias literarias, este autor ha conseguido sorprenderme de grata, gratísima, manera. Tanto es así que me ha hecho pensar que, en según qué obras, no es el género, siquiera la historia, sino el cómo se escribe."

martes, 7 de enero de 2014

XXVII: Estoy perdidamente enamorado de ti, ¿de acuerdo?


Con esta intermitencia
con que nos amamos,
nuestra relación devendrá de todo menos estable;
pero no me importa, por el momento,
mientras devenga.
Tú bien sabes que,
lo que me pierde de ti, es,
precisa y justamente,
tu tendencia al desequilibrio.
Qué vamos a hacerle,
supongo que te has enamorado de un loco
a la altura de tu trastorno;
ya sabes, Dios los crea y ellos se juntan.
Si desprecias a un pirado como amante,
empieza por sanarte primero,
mi amor.
No es por alusión que digo esto,
sino para que entiendas
por qué he llegado a gustarte pese a turbarte
(como imagino que te habrán gustado otros pirados antes y luego te preguntas el porqué; hete aquí mi aporte).
Entre mis manías,
la de fraguar planes a todas horas.
Aunque en ocasiones sean tan sencillos como inventivos.
Para contigo es:
hacerte un crucigrama en la piel;
envolver tus rabias con celo;
saciar tu sed de conocimiento
con historias que padezcan obesidad
(no quiero que pases hambre a mi lado, reina mía);
Procuraré, cuando duermas conmigo,
que amanezcas antes de sonar la alarma,
pienso empacharte a besos y con discursos matutinos,
algo así como:
¿es posible amanecer con tan sólo cuatro horas de descanso
y no perder ni un grado de belleza?
y tú tendrás que contestarme,
porque me encanta (¡me encanta!) escucharte.
Me encanta escucharte mientras te quejas, 
dudas, chillas, entras en cólera...
Devoraría hasta el último de tus epitafios sin sentido.
Los adoro todos, incluyendo el de
"al cabrón dale ración doble, por favor";
¿se puede ser más linda?, ¡ay!, diría que no.
Yo lo que te daría es un mordisco que te arañe el alma,
musa entre las musas.
Hilaré tus sueños con los míos, si gustas,
para mí no hay mejor escenario que
amanecer a tu lado,
y cansarme en el mismo lugar mientras te abrazo.
Me gustas entera,
no cambiaría ni un solo punto,
menos una coma,

no hablemos de lunares.
Coger aire contigo es necesario
(casi cuestión de subsistencia).
Tremenda retórica la tuya.
Ay, mi ángel, todavía no puedo creer
que sea yo quien te quita las vergüenzas,
y a quien mandas a la mierda
cuando te da una neura de esas tuyas.
¡Te amo tanto, mi reina!
De principio a fin,
de fin a principio, y vuelta a empezar.
(¿¡Tan bueno he sido este año para semejante regalo!?).
Gracias, bella mía, por convertirme en el loco
más feliz y cuerdo de toda existencia,
¿de acuerdo?
Te amo, te amo ahora, ayer,
te amo siempre, delicia mía.
Ay, por Dios, ¿te he dicho ya que te amo?
Contigo todo es exquisitez, preciosa entre las preciosas,
una exquisitez que me abruma,
no exenta de una alta carga erótica;
si te miras al espejo mientras sonríes,
y te escuchas gritando porque de pronto algo te fastidia,
entenderás esto último.
Siempre me han tildado de loco,
un tanto obsesivo, también, también...
No, recién atisbo cierto grado de enfermedad,
y, curiosamente, creo estar más sano que nunca.
Te adoro, mi reina, te adoro. ¡Te adoro!
No te puedo adorar más,
¿de acuerdo?
¿Quieres divorciarte conmigo, princesa?

PD: Tu loco, quien rara vez se siente cuerdo sin su loca.

sábado, 4 de enero de 2014

XXII: Discusión de enamorados (por falta de medicación)


Confróntame cuando sea mentira.
Linda obsesión la tuya, 
y yo reclutando verdades.
Criticas por vicio, pero mejor me callo.
Ten en cuenta que, si esto sale rana,
tendré que desquitarme con otra,
tu cólera será con razón, pues.
Mujer, el hambre se sacia comiendo,
y ni tú eres Capuleto ni yo Montesco,
déjate de dramas sin cartelera,
que aquí no ha pasado nada.
(por no pasar, no pasa ni el tiempo en ésta absurda discusión que me agota...).
“Un arquetipo de cabrón es lo que eres”, 

me sueltas, así, de repente, sin venir a cuento.
Para Santa, mi paciencia.
“Y yo sin ponerte los cuernos…”, pienso.
“Mejor revísate ese ojo clínico
del que tanta gloria emanas,
que el orgullo empieza a capearte,
y no al revés”, te suelto yo, por soltarte algo
(porque entender, no entiendo ni media).
Me voy a construir un monumento,
si es que no me construye él a mí.
Con esa mente brillante que dices tener,
(me rindo ante tu capacidad resolutiva)
y enganchada al jaque mate sin fricción.
Desperdicio entonces.
Mis sentimientos son reales,
igual que mis palabras,
aunque de nada sirva decirlo.
Disculpe usted a este intento de romántico,
señorita, "perfección" donde las haya.
¿Y si te dejas de análisis rocambolescos y me sientes?,
que no soy tu paciente, vida mía,
(bendita cátedra de psicología la tuya).
A estas alturas,
tus reproches mes lo pongo por bufanda,
después de seis años apelando,
y un doctorado en leyes ciudadanas,
creo tener algún derecho, ¿no?
Y de arañarme ni lo sueñes,
hasta ahí podríamos llegar,
de princesa a gata en celo.
Todavía tengo el disfraz del buen amante,
el que me obligas a quitarme a diario.
Porque,
si te digo que te quiero, miento,
si no te lo digo, adiós carné de príncipe azul
(aquel que me asignaste cuando aún tenías sentido del humor).
Si juro que tu amiga no me gusta,
también miento,
por lo visto, se me cierra y abre la comisura de los labios
de no sé qué modo,
pero un modo que según tú no hace más que delatarme.
Si no me arreglo, no me preocupa gustarte,
si me arreglo, me gusta otra.
En serio, ¿no te cansas?
Obra maestra la de Dios
(ni Bach ni ostras en vinagre),
que ni el mejor de los físicos,
por más especialidad que tenga,
descifra tus neuronas sin morir en el intento.
Mira, mujer, como ya no sé qué más decirte,
mejor lo dejamos por hoy,
si eso seguimos mañana,
¿te parece?
"Ves, mientes, por eso evitas la conversación. Te odio."
"¿¡Conversación...!?", me pregunto.
"Yo a esto más bien lo llamaría
desacreditación gratuita.
Un sinsentido que sólo entiendes tú.
Definitivamente, te equivocaste de estudios, mi reina.
Lo tuyo hubiesen sido las causas sin justicia,
y lo mío, puede,
los diagnósticos sin receta.
Curioso, ¿nos cambiamos las carreras?", te replico.
"Vete a la mierda", rebates.
"Ah, ¿que hay más mierda todavía?". 


martes, 24 de diciembre de 2013

VIII: Pamplinas con pamplineros


Sé lo que te cuentan para luego descontarte: 
"Soy el último romántico", 
"No soy como los demás", 
"¿Infiel?, ¡yo nunca te sería infiel!".
(Espera, perdón, que aquí me detengo para reírme… Sigamos).
Que las mentiras no van con ellos, que ellos prefieren verdades aunque duelan.
Blablablá, blablablá, blablablá.
Si me esfuerzo, hasta la rima se pone de mi parte. 
Románticos a jornada completa, 
conocedores de un elixir que los convierte en inmutables, 
ajenos al movimiento, a los cambios de parecer, de perecer, de padecer; 
¿Romántico si me comparo?,
no es mi intención ofender a la lógica del aplastamiento, a la capacidad del intelecto.
A ver, mujer, que si siempre te seré fiel, que si siempre te amaré…, claro, por supuesto,
del mismo modo que rechazo la inmortalidad y anhelo la paz en el mundo entero.
Seamos claros, ¿qué deseas, pues?, 
¿un galán de cunas que reviva y seque ingentes lagrimales en modo "refraneros populares"? 
¿un juglar, tal vez, que recite sonetos hasta atrincherarte en el auto-ahogamiento? 
La mía es una opción sin malgastar, quizá porque nadie tiene la patente,
y es la de "ni bueno ni gamberro, ni calzonazos ni mujeriego".
Ni fiel, ni infiel, más bien caduco, 
que improvisa según se sondean acontecimientos. 
Imperfecto en cuanto al todo se refiere, sincero a groso modo, 
mentiroso cuando toca diplomarse;
o cuando mi cabeza ahuyenta balbuceos. 
Libre de la necesidad de agradar, artificiero de lo pernicioso.
Ni mentiroso ni sincero, reservado en el pasado, 
del futuro todavía no guardo recuerdos, 
y en el presente sigo batallando, en este cuerpo que no desmiente.
Si llegase el día en que me mirases la mirada para saber qué siento, 
prometo estudiar mis sentimientos. 
Y mira que ni con ésas te aseguro estar en lo cierto.
Así que, aquí me tienes, apuestamente imperfecto, 
amante de la contrariedad, fugazmente vanidoso, 
enemigo de "a mi imagen y semejanza". 
Con mis quejas y contradicciones, quitando telarañas, 
con fuego en la mirada, que quizá sea, junto con mi pueril honestidad, 
lo mucho y poco que poseo del acierto.
Esta es la versión completa, la de modestias a partes, la de tú a tú.
Pero si gustas, te vendo la de "mis ojos son tus ojos, tu boca, el reclamo de mi piel". 
La de "qué es de mi vida sin tu vida", 
la de rimas bien chocantes. 
La de amores sin frenos, la de bálsamos que operan corazones, 
así, a la desesperada, colapsando las listas de espera.
Baste como muestra mi intento de ser sincero, 
el entregarte un amor que cure la pesadez de estómago, 
sin necesidad de Ibuprofeno, ni ungüentos milagrosos, sólo siendo.
Lo de proclamarme romántico casi me suena a redundancia, 
a metáfora sintáctica, a recurso lingüístico, a pareado sin pareo.
Entiendo, entiendo tu desconcierto, gracias por llegar hasta aquí, ha sido un placer. 
Pero no negarás que, lo que ha durado, ha sido intenso. 
Me despido con un: quizá en otra vida, o con: puede que no sea este nuestro momento.
O: acabamos de conocernos, mejor si nos damos un tiempo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

VII: Cuando me eches de menos recuerda que te estoy escribiendo


Estoy ocupado abriendo puertas, pintando muros, borrando cuentos.
En éste me prohibieron fumar y amar en público, callar en voz alta y mentir en silencio. 
¿Ves?, no me he ido, ni te he olvidado, ni enfermé de desconsuelo, 
sólo que ando un tanto en desacuerdo, mujer.
Pero no sufras, que entre tú y yo sólo existe una distancia:
la intimidad de tu lectura en la libertad de mis sueños impresos, 
sin medias tintas, ni omisiones por verdades, ni trozos perdidos en el tintero. 
Solos tú y yo, un mente a mente, un cuerpo a cuerpo, una batalla de intelectos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

XXIII: Me robas a metros de distancia


Dice mi terapeuta 
que no me culpabilice
por sentir de todo al mismo tiempo,
que haga una criba de sentimientos,
y elija los necesarios.
Pues resulta que empecé a hacerlo,
y el resultado ha sido 
una grata sorpresa.
Bueno, quizá no diría grata,
quizá sólo diría "toda una", y lo que sigue: sorpresa.
Porque mira que,
hubiese jurado
quererte más que a nada.
El caso es que llevo unos días odiándote.
Te odio por todo, mi amor.
Te odio porque no estás conmigo,
te odio cuando te imagino pasear sola por tu casa,
eso es sacrilegio, mi dulce,
porque yo no piso el mismo suelo.
Te odio porque sé que tomas café con leche por las mañanas,
te odio porque no soy yo
quien añade el azúcar.
Te odio cuando sales del trabajo
y regresas sola a casa,
tu mano añora la mía, ¿no te das cuenta?;
te odio por permitirle que pase frío
en estas noches congeladas de recuerdos.
(“no me gustan los guantes” –me decías).
Te odio porque ahora sólo te peinas,
antes, te acariciaba la melena.
Te odio porque sé que, 
a pesar de todo, sigues sola, 
senda soledad la mía.
Te odio porque tengo frío,
porque el corazón se me para cuando te pienso,
lo cual me preocupa.
Te odio porque, pese a odiarte más que nunca,
desde que hago mis deberes,
el odio sólo me recuerda que te amo,
me recuerda que 
te echo de menos, nunca de más
(y duele).
¿Por qué me dejaste amarte tan poco?,
tus miedos, siempre tus miedos;
putos miedos, ¿no crees?
¿Y esto no te da miedo?
¿No te da miedo que, 
una deslenguada
se cruce en mi camino
y te robe lo que es tuyo?
El problema no es odiarte, amor mío,
el problema es que no te odio a ti
(a ti sólo puedo adorarte);
lo que odio es tu distancia y mi soledad,
lo que odio es no echarte yo el azúcar en el café,
lo que odio es no coger tu mano de regreso a casa,
lo que odio es no despeinarte la melena,
lo que odio es que tengas frío,
lo que odio es que,
ninguna deslenguada,
por guapa, por inteligente, 
por buena moza que sea,
es capaz de que mi piel prefiera la suya,
(por lo mismo, ni lo intento).
Voy a dejar a mi terapeuta,
con una ladrona me basta,
aunque a esa ladrona la venere 
como se venera lo imprescindible.
Entiéndase imprescindible 
como el más grande de los deseos.
Tú eres mi deseo, vida mía,
sin embargo, tienes frío;
yo ya estoy congelado.